‘¿Vienen con alegría, Señor?’ Sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia

‘¿Vienen con alegría, Señor?’ Sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘¿Vienen con alegría, Señor?’ sale publicado en la sección Diálogos del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

¿Vienen con alegría, Señor?

“Vienen con alegría, Señor. Cantando vienen, con alegría, Señor. Los que caminan por la vida, Señor. Sembrando tu paz y amor…” cantábamos megáfono en mano durante la procesión del Encuentro el domingo de Resurrección. En la acera, dos mujeres estupefactas contemplaban el paso del cortejo cuchicheando entre tímidas risas. Alcancé a escuchar a una de ellas: “pues como esta sea la alegría que tienen estos… si esto parece un entierro ¡vaya caras!”.

Aquella expresión, a priori jocosa y ácida, me interpeló: ¿no será algo de esto lo que nos pasa? ¿no parecemos siempre pesarosos, tristes y como agotados? ¿no seguimos estando con las puertas cerradas en nuestras comunidades, sin horizonte, sin capacidad de acogida y, a veces, incluso sin el Resucitado? ¿no parece que celebramos más la muerte de Jesús que su Resurrección?

El Resucitado trae la paz, comunica alegría y abre todas las puertas: “Yo os envío”. El pasaje de Tomás, que leíamos el domingo pasado, nos muestra cómo el Resucitado transforma la Comunidad cuando está presente. Y esta presencia, que es real y efectiva, debemos traslucirla a la sociedad. ¡Que se note que seguimos al Resucitado!

Tal vez nuestro problema sea que nos quedamos viviendo en el Viernes Santo, entre sombras de muerte y cruces. Puede que nos falte hoy experiencia del Resucitado y que, cómo Tomás, sigamos diciendo aquello de “si no lo veo…”.

Pero lo cierto es que el Resucitado, el que murió, pero resucitó, nos ha enseñado el camino para reconocerle, para tener experiencia de él, para creer en él: sus llagas. Trae tu dedo, trae tu mano y métela en mi costado. Al Resucitado lo encontraremos de nuevo en esta Pascua como Tomás: tocando las heridas de los crucificados. Tocando las heridas del mundo. Tocando las heridas de los hombres y mujeres que comparten nuestro camino, las personas crucificadas en este 2026. Tocando las heridas que deja la cruz.

Para que no nos vuelva a pasar aquello de la procesión triste. Para que de verdad vivamos con alegría, porque sabemos que el único que podía juzgarnos, nos amó.