Tomás Durán, Vicario General de Salamanca: «Es vital salir de los perímetros eclesiales»

Tomás Durán, Vicario General de Salamanca: «Es vital salir de los perímetros eclesiales»

A continuación les ofrecemos la entrevista que, con motivo de su participación en la Formación Permanente del Clero, concedía a Iglesia en Plasencia don Tomás Durán Sánchez, Vicario General de la Diócesis de Salamanca. Su ponencia versó sobre ‘Iniciación Cristiana y reiniciación: ¿ahora o posponer? Caminos y propuestas’.

«Salir de los perímetros eclesiales es vital»

Nacido en El Bodón, Tomás Durán González es Vicario General de la Diócesis de Salamanca desde 2023, y párroco ‘in solidum’ de la Unidad Pastoral de la Santísima Trinidad, Sagrada Familia, Doñinos y Aldeatejada, además de ser desde 2019 responsable diocesano del Catecumenado de Adultos no bautizados. En la diócesis charra ha sido también Vicario de Pastoral y forma parte de los consejos Episcopal, Presbiteral, de Pastoral, de Asuntos Económicos y de Consultores. A punto de cumplir 43 años como sacerdote, ha tenido también una amplia trayectoria pastoral en diversas localidades de Salamanca.

– ¿Cómo acercarnos de verdad a las distintas realidades de los adultos?

– Hoy aún hay un potencial dentro de las personas que viven en la Iglesia. Hemos de acercarnos desde “las peticiones” que nos hacen: la iniciación cristiana de sus hijos, los cursillos de novios, la piedad popular, las cofradías, etc. y ofrecerles itinerarios sencillos, cortos pero hondos. Y hemos de acercarnos desde la cercanía, una acogida muy cordial y la presentación el Evangelio como un gozo (Evangelii Gaudium). Y también “desde los que buscan”, y están fuera de la Iglesia, pues cada vez hay más deseo de espiritualidad, aun cuando esté alejada de la forma en que la Iglesia católica la ofrece. “Acércate al carro” del eunuco etíope, le susurra el Espíritu Santo a Felipe (Act 8, 29). Salir de los perímetros eclesiales y “acercarse al carro” del otro es vital. Salir.

“Es hora de volver a las huellas de Jesús,

al camino apostólico enteramente primero”

– ¿En qué momento se encuentra la catequesis de adultos? La necesidad está clara, pero ¿cuál es el perfil de los adultos que se acercan de forma real?

– Hoy existe una catequesis de adultos que, sin serlo explícitamente, contribuye a ello. Es la que se ofrece como formación a los catequistas, agentes de pastoral y a los ministros celebrantes de la Palabra. También hay iniciativas muy buenas de grupos bíblicos, iniciación a la oración, al compromiso social y caritativo, y la formación especial de los grupos de Acción Católica. Todo ello constituye una formación permanente muy valiosa. Pero es importante una catequesis de adultos que “no sirva para nada”; es decir, que no busque una acción o fruto, inmediato, sino para crecer por dentro como discípulo de Jesús, para ser más eclesial y situarse en el mundo como testigos. Para esto puede servir muy bien el último Catecismo “Buscad al Señor”, como itinerario catecumenal, mistagógico, apostólico. Invito a conocerlo y ofrecerlo. Además, están los adultos que completan su iniciación cristiana. Aquí hay un gran potencial, si se hace bien y no “como oferta barata de tres charlas”, para los que quieren celebrar la Confirmación con un corazón abierto y libre. Un buen temario, desde una catequesis orante, catecumenal, mistagógica, adaptada a la edad adulta, es una gran oportunidad de gracia. Y los pioneros del futuro son los adultos no bautizados que se nos acercan, y pienso que irán en aumento. Ellos expresan lo que será el cristianismo del mañana: un cristianismo nacido de una decisión personal, vivido como el que encuentra un tesoro en el campo: con asombro y arrojo misionero.

– ¿Qué preparación especial reciben o deberían recibir los catequistas para acercarse a esas realidades?

– Las diócesis del futuro contarán, además del grupo de “catequistas”, con el grupo del “primer anuncio”. O los mismos catequistas son un grupo de “primer anuncio”. Para ello es preciso ser discípulos tras las huellas de Jesús, “a la zaga de tu huella” (San Juan de la Cruz), y hacer como Él: acercarse, encontrarse, pasar, mirar, llamar, iniciar, asombrar…, pero no en salones parroquiales, sino como se hizo en la primera hora. Ellos lo hicieron en los barcos, los caminos, los mercados, las cárceles, las casas…, como San Pablo y los que le acompañaban. No se convoca desde el ambón, sino desde el camino y desde experiencias vivas: “Venid y lo veréis”. Serán contemplativos, enamorados de Dios y expertos en humanidad. Es hora de volver a las huellas de Jesús, al camino apostólico enteramente primero.

– ¿Cómo tiene que inspirar la catequesis de adultos a otros itinerarios catequéticos y qué relación guarda con ellos?

– El RICA (Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos) es el paradigma de la catequesis. Acoger, anunciar (primer anuncio), catecumenado (iniciar a la oración, la fraternidad y a la acogida de los pobres), la celebración, la mistagogía, la misión en la Iglesia y en el mundo: esta es la gramática de la catequesis: creer, celebrar, vivir y orar. Es necesario pasar de un modelo escolar a un proceso de iniciación, de engendramiento de la fe, y a un camino catecumenal y mistagógico, como vengo señalando reiteradamente. Todo esto dará fruto en la segunda mitad del siglo XXI. Nos toca ahora sembrar, y morir saludando de lejos la tierra prometida.

“Es necesario pasar de un modelo escolar

a un proceso de iniciación, de engendramiento de la fe,

y a un camino catecumenal y mistagógico.

Todo esto dará fruto en la segunda mitad del siglo XXI.

Nos toca ahora sembrar, y morir saludando de lejos

la tierra prometida”

– Un adulto ya iniciado, ¿de qué forma se incorpora a la Iglesia? ¿qué cauces le ofrece la Iglesia para acogerlo? y ¿cómo no perder la formación continua?

– La formación es siempre continua, pero hay dos tareas esenciales: mantener viva la oración y la Eucaristía para un encuentro permanente con Jesús, y la misión. Es preciso descentrarnos de la autorreferencialidad y del eclesiocentrismo catequético: solo Él, el Señor, y su misión. Tampoco se trata de caer en un cosmocentrismo que nos lleve a girar únicamente entorno a los análisis de la realidad, que hay que hacerlos, pero no caer en activismo asfixiante. Dos polos deben sostener el camino: acercamos al Misterio (Palabra-Sacramentos) y la misión en el mundo (anuncio, servicio, compromiso por la justicia), especialmente a los pobres. Iniciados: para ser discípulos (vueltos a Él) y misioneros (vueltos a los hermanos). El proceso final, si, es la misión en la Iglesia y en el mundo.