Testimonio Vida Contemplativa: sor Iluminada Rwamba, vida entregada a través de la Oración

Testimonio Vida Contemplativa: sor Iluminada Rwamba, vida entregada a través de la Oración

Hoy, domingo 31 de mayo, la Iglesia celebra la Jornada Pro Orantibus para poner en valor la necesidad de la vida contemplativa. Desde Trujillo, sor Iluminada Rwamba nos da su testimonio de una vida plena de oración y recogimiento siguiendo la llamada de Dios, un testimonio que aparece recogido también en el último número de Iglesia en Plasencia que ya está en las parroquias.

Hace casi un curso de siglo (noviembre de 2003), una joven keniata llegaba desde su Embu natal (ciudad situada a unos 200 kilómetros al este de Nairobi), hasta Trujillo empujada por el Espíritu. En su ‘mochila’ traía fe e ilusión de hacer un mundo mejor siguiendo una llamada que, desde pequeña había resonado en su cabeza y en su corazón. Sólo le había retenido el deseo de su padre (al que perdió siendo muy joven) de que completara los estudios (bachillerato). Sin embargo, una vez los terminó empezó a perseguir su verdadera vocación, la de consagrar su vida al Señor. Aunque siempre le persiguió la idea de ser Misionera, pronto descubrió en el Convento Franciscano de San Pedro (Tercera Orden Regular) de Trujillo, que su misión era la de ayudar desde otro prisma: el de la oración y el recogimiento. En 2009 hacía sus votos solemnes y, en la actualidad, es la Superiora del convento, donde residen once religiosas de cuatro nacionalidades (Kenya, España, Tanzania y República Democrática del Congo). Hoy, sor Iluminada Rwamba Nyaga nos confiesa que “vivo entregada por completo a la oración y a Dios. Creo que es aquello a lo que el Señor me ha llamado. Lo sentí siendo pequeña y aquí he encontrado mi vida y me encuentro contenta. El señor me va abriendo camino y cómo tengo que hacer su voluntad día a día”.

Reconoce que siempre quiso ser religiosa, aunque, obviamente, y al encontrar una realidad que no conocía como la vida contemplativa, tuvo alguna duda, pero nunca de fe, sino por la disyuntiva con la vida activa. “También los santos que tanto nos inspiran tuvieron dudas, pero el Señor me mantiene aquí. Él me plenifica cada día. Hay que decirle “sí” todos los días y yo lo hago”.

Tiene claro que, a día de hoy, “el mundo exterior ofrece muchas cosas para los jóvenes, pero hay que tener mucha oración y momentos de encuentros con el Señor. Si no, es fácil caerte. A alguien que siente la llamada le diría que siga para adelante y no lo dude, porque el Espíritu Santo siempre ilumina la mente”. Y tiene claro que su labor “a veces no se ve, pero se hace según la voluntad de Dios. Estamos en misiones, pero en otra misión”.

Y así vive la entrega a Dios, entre salmos cantados a primera hora de la mañana, cuidado con sus hermanas, sobre todo de las mayores, haciendo los ricos dulces conventuales que venden a turistas y visitantes, elaboración de formas para consagrar, costura, oración y “formación. La formación permanente no hay que descuidarla. Hay que ponerse al día”.