22 Mar ‘Seamos primavera pastoral’, sección Diálogos de la revista Iglesia en Plasencia
A continuación les ofrecemos el artículo incluido en la sección Diálogos de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.
Seamos primavera pastoral
En unos días llega esa “primavera que la sangre altera”. Pero no hace falta mirar al cielo para saber cuándo llega la primavera pastoral, porque hay estaciones que no dependen del calendario, sino del corazón. La primavera pastoral no hace ruido, pero transforma la vida entera. A veces basta un gesto pequeño —una escucha sincera, una mano extendida, una oración confiada— para que el paisaje cotidiano empiece a cambiar. Y donde antes había cansancio, brota esperanza; donde había rutina, nace vida nueva. Cada parroquia, cada grupo, cada cristiano comprometido es una semilla con vocación de vida y por eso la primavera pastoral huele a Evangelio recién abierto, a comunidad que acoge, a fe compartida sin miedo.
La primavera pastoral:
- Brota allí donde una comunidad decide no resignarse al invierno de la rutina y de la fe vivida por inercia.
- Nace cuando decidimos creer que el Evangelio sigue teniendo fuerza para transformar, cuando pasamos del “no se puede” al “¿y si lo intentamos?”.
- Es dejar que el Espíritu remueva la tierra de nuestras costumbres para sembrar Evangelio fresco y transformar nuestra rutina en oportunidad.
Ser primavera pastoral es:
- La actitud de todo corazón que decide amar más, servir mejor y creer con renovada ilusión.
- Elegir la esperanza incluso cuando el cansancio aprieta. – Mirar a nuestras parroquias, grupos y barrios como tierra fértil donde Dios sigue trabajando.
- Confiar en que, aunque algunas semillas parezcan dormidas, el Señor sigue trabajando bajo tierra.
En primavera el Señor nos sigue invitando a ser manos que planten futuro, labios que pronuncien palabras de ánimo, pies que caminen hacia las periferias del dolor y de la indiferencia.
Atrevámonos a florecer, a contagiar alegría creyente, a vivir comprometidos, creativos y valientes. Seamos primavera pastoral por fidelidad al Evangelio. Porque cuando la Iglesia florece, muchos descubren que Dios sigue haciendo nuevas todas las cosas. Y entonces, incluso en los terrenos más secos, donde parecía que todo estaba dormido, vuelve a brotar con fuerza la vida.