‘Pedir’, artículo Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia

‘Pedir’, artículo Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Pedir’ sale publicado en el Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Pedir

Pedir es expresar a alguien la necesidad o el deseo de algo para que lo satisfaga. Está muy relacionado con la oración, incluso existe una forma concreta de orar que es la oración de petición. Que ocupa un lugar fundamental en la vida cristiana, porque expresa la confianza del creyente en Dios y su apertura a la acción del Espíritu Santo. Pedir no significa exigir ni pretender que Dios cumpla todos nuestros deseos, sino reconocer con humildad nuestras necesidades y aceptar que necesitamos su luz, su fuerza y su compañía para vivir conforme al Evangelio.
Es una enseñanza de Jesús a sus discípulos el pedir con perseverancia y con atrevimiento, asegurando que el Padre concede el Espíritu Santo a quienes se lo suplican. Esta promesa muestra que la oración no busca solo conseguir bienes materiales o soluciones inmediatas. La finalidad más propia es un encuentro con Dios y un disponerse para recibir lo que capacita para cumplir su voluntad.
Desde esta perspectiva pedir en la oración no es chantajear a Dios. Es reconocer la necesidad de la ayuda divina que remedie la limitación y la pobreza; un estar dispuesto a acoger su intercesión. El fruto de la petición cristiana son los dones del Espíritu Santo, con los cuales se aprende a juzgar con rectitud, a elegir el bien, a mantenerse firme en las pruebas y a relacionarse con Dios con amor filial. 
Incluir la oración de petición en la forma de relacionarse con Dios implica reconocer los propios límites y evita apoyarse solo en las capacidades humanas. La petición perseverante educa en la humildad, purifica las intenciones y fortalece la esperanza. Enseña a esperar el tiempo de Dios, el primer fruto de la oración es una mirada nueva frente a la dificultad.
Rezar no es una práctica pasiva, sino un acto de confianza que prepara para acoger la voluntad de Dios. Al mendigar los dones del Espíritu Santo el cristiano se vuelve más consciente de la propia limitación y se vuelve más receptor a sus inspiraciones. Es necesario permitir que el Espíritu ilumine la conciencia y mueva a actuar. Quien pide debe estar dispuesto a corregirse; es preciso poner interés de renovarse y de acoger de la gracia divina y no limitarse a pedir.