Monseñor Brotóns felicita la Navidad y nos pide «ser transparencia de la misericordia de Dios»

Monseñor Brotóns felicita la Navidad y nos pide «ser transparencia de la misericordia de Dios»

Como es tradicional, el Obispo de Plasencia felicitaba este viernes a la diócesis, representada en los miembros de la Curia, trabajadores de Obispado y Catedral, responsables de Delegaciones y Secretariados y todas las realidades que forman parte de la realidad diocesana. Lo hacía en uno de los salones nobles del Obispado en un acto que amenizaron los chicos de Placeat cantando villancicos.

Precisamente, con un espontáneo «genial» quiso agradecer don Ernesto su participación a los miembros de la Asociación, antes de entrar en el sentido de la Navidad que vivimos. «Es grande el Misterio de la Navidad, el misterio de un Dios que no regala cosas, sino que se da a sí mismo. Se hace pobre para enriquecernos con su amor y pobreza. Al compartir nuestra vida, nos ha hecho a todos hijos de Dios y hermanos unos de otros». Y es que el «otro» estaba presente en todo momento en su alocución. Ahora, «nos toca ser como los pastores, capaces de reconocer al niño en la humildad del pesebre y no en medio de los afanes de los poderosos. Hagamos nuestra la humildad de Dios. Nos tocará ser ángeles, heraldos de esta Buena Noticia», señalaba el prelado, que quiso centrarse en la realidad y que también pidió la Paz en el mundo: «Que la celebración no olvide los rostros de los hermanos que viven la Navidad en la oscuridad de la guerra y la intemperie. Pidamos la paz en la tierra que vio nacer al Señor, en Ucrania y en tantos lugares».

Don Ernesto pidió a los asistentes que se acordaran «de las personas que sufren hambre, de las familias más heridas por la crisis económicas y pasan dificultades. No olvidemos a presos, refugiados, sin hogar, inmigrantes, enfermos y ancianos, a los que padecen soledad. No miremos hacia otro lado. Son nuestros hermanos y en sus rostros contemplamos el rostro de Dios. En nuestra labor cultivemos la escucha del corazón, la acogida, el discernimiento. Seamos siempre transparencia de la misericordia de Dios. Ese es el reto de nuestra Iglesia. No caigamos en vigorismos y no olvidemos que para mucha gente, el rostro de la Iglesia, e incluso el de Dios, pasa por el nuestro. Para muchos somos el rostro de la Iglesia y mucha gente se sentirá amada por Dios si se siente acogida y amada por nosotros. Es grande la responsabilidad que tenemos», así que «dejémonos conmover por el amor de Dios», señaló antes de desear una «Navidad llena de alegría y de la paz del Señor. Que no os falte nunca esta paz, sobre todo si está el corazón tocado por cualquier causa», sentenció antes de pedir «descansad y disfrutad de vuestras familias y, en lo más profundo del corazón, pronunciad un orante Gracias al Señor por tanto amor».

El acto había comenzado con la felicitación de la Diócesis a don Ernesto, conducida por el Vicario General, don Francisco E. Barrado Broncano, que quiso basar su alocución en el Adviento y en el himno que se entregó a los presentes y que a continuación reproduciremos. Barrado hizo especial mención al «papel esencial de la Virgen Madre en el año Jubilar con la Virgen del Puerto y la Virgen de la Salud», ya que «María es modelo de respuesta y nos ayuda a buscar el modelo de los Santos, en especial de nuestros patrones, que también celebran Año Jubilar, San Fulgencio y Santa Florentina», comentó.

Además, nos invitó a acercarnos al Niño Jesús. «La Navidad es luz que disipa las tinieblas, acogemos el mejor de los regalos, el niño Jesús y nos descubre que somos hijos de Dios; es ilusión de poder construir un mundo mejor; es disfrutar del amor de Dios; es fe que nos habla de un Dios que siempre cuenta con nosotros y nos espera; es celebrar la bondad de nuestro Dios desde lo sencillo y humilde; disfrutar de nuestras familias. Es celebrar la grandeza de Dios, es cantar su gloria».

Jesucristo, Palabra del Padre,

luz eterna de todo creyente:

por tu nacimiento, el amor ardiente,

el regalo divino, ya nunca llega tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,

la misericordia divina quiso iluminarlo.

Y como en un pesebre visitaste la tierra,

ya hay alguien que pueda consolarlo

Ya madura la historia en promesas,

la humanidad se afana en el progreso;

si la semilla de la Palabra está en espera,

el Reino de Dios se presenta en el silencio.

Con María, la Iglesia te mima y acuna.

Con deseos sinceros para poder amarte,

y los mejores sentimientos aúna,

para en la sencillez de Belén poder adorarte.

Cuando juntos celebramos tu gloria,

sentimos que nuestro corazón está pleno

Navidad es alegría y cantar a tu gloria,

siendo hijos del Padre y construyendo su Reino.

 

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