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DIOCESIS DE PLASENCIA | Mensaje de Monseñor don Ernesto Brotóns con motivo del fallecimiento de Benedicto XVI (Eucaristía 7 de enero)
 

Mensaje de Monseñor don Ernesto Brotóns con motivo del fallecimiento de Benedicto XVI (Eucaristía 7 de enero)

Mensaje de Monseñor don Ernesto Brotóns con motivo del fallecimiento de Benedicto XVI (Eucaristía 7 de enero)

A continuación les ofrecemos el mensaje de Monseñor don Ernesto Brotóns con motivo del fallecimiento, esta mañana, de Benedicto XVI, papa Emérito.

Queridos hermanos y hermanas de esta Iglesia de Plasencia

Hoy, fiesta de San Silvestre, papa, nos ha dejado nuestro querido papa emérito Benedicto XVI, como él mismo se definió: «humilde trabajador en la viña del Señor». Sabíamos ya de su delicada salud. Hoy quiero agradecer a Dios el regalo de su persona y el testimonio de su amor a la Iglesia hasta el final.

Creo, sinceramente, que estamos llamados a releer y retomar una y otra vez el magisterio con minúscula y, sobre todo, con mayúscula de quien fuera teólogo y pastor, pastor y teólogo, de palabra clara, decidida y valiente, una de las mentes más lúcidas de la era contemporánea. Firme convencido de la significatividad del Evangelio para el mundo actual, y propulsor sin descanso del urgente y necesario diálogo fe-razón, fue, como rezaba su lema episcopal, un apasionado y humilde buscador y colaborador de la Verdad, que no es otra que el Amor hecho carne. De él se pueden decir las palabras del salmista: «Tu rostro buscaré, Señor. Muéstrame, Señor, tu rostro» (cf. Sal 4,7; 27,8s).

Recuerdo con cariño aquella vigilia de la JMJ de Madrid en Cuatro Vientos. A pesar de la tormenta, permaneció firme a nuestro lado, al lado de los jóvenes, sin más refugio que un sencillo paraguas, signo de un pontificado fiel y fecundo en tiempos recios, no exento de sufrimientos, cediendo el testigo, en una decisión histórica, siempre con la mirada puesta en el bien de la Iglesia.

Con sencillez y humidad, nos habló continuamente de la alegría de ser cristiano y del amor de Dios. Dios es amor. Esa fue su encíclica programática y esas fueron sus últimas palabras como Sucesor de Pedro: “Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Quisiera que cada uno de vosotros sintiera la alegría de ser cristiano” (Audiencia 27/02/13). Él nos recordó con fuerza que, en palabras que, posteriormente, haría suyas el papa Francisco, “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE 1).

Puso la caridad y la verdad en el centro de la vida cristiana, recordándonos con valentía que “la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. La capacidad de aceptar el sufrimiento por amor del bien, de la verdad y de la justicia, es constitutiva [decía] de la grandeza de la humanidad” (SS 38).

Hoy es día de oración humilde y confiada por su persona, también de reconocimiento y agradecimiento. Ruego que lo tengáis presente en la oración y en la Eucaristía. El jueves 5 de enero, a las 9,30, el papa Francisco presidirá en san Pedro sus exequias. En nuestra diócesis, celebraremos la Eucaristía por su eterno descanso el próximo 7 de enero, sábado, a las 6 de la tarde, en San Nicolás.

Descanse en paz, aunque más bien, deberíamos pedirle «sigue trabajando en paz», orando e intercediendo con tu ternura y humildad por esta Iglesia peregrina nuestra y por este mundo tan necesitado del amor de Dios.

 

 

 

 

 

 

*Pueden descargárselo en formato audio pinchando aquí:

Mensaje fallecimiento papa Benedicto