‘Mamá’, artículo publicado en Diálogos del último número de la revista Iglesia en Plasencia

‘Mamá’, artículo publicado en Diálogos del último número de la revista Iglesia en Plasencia

A continuación le ofrecemos el artículo que, bajo el título Mamá, sale publicado en la sección Diálogos del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Mamá

Soportar, sufrir, llevar, salvar; son palabras potentes y alentadoras que describen al Mesías, transmiten ayuda y esperanza para caminar por este mundo hasta llegar al Reino de los cielos. También conllevan carga, lucha, fatiga y dolor: palabras muy apropiadas para describir la misión de Aquel quien, a un precio que cuesta la vida, nos levanta cuando caemos, nos carga cuando tenemos más fuerza, nos conduce a casa con seguridad cuando ésta parece estar lejos de nuestro alcance.

Pero, ¿podemos reconocer en esas palabras otro ámbito de la actividad humana en el que también empleamos términos como soportar y sufrir; llevar y levantar, labor de parto y dar a luz? Se puede afirmar que ningún otro amor en la vida mortal llega a aproximarse más al amor puro de Jesucristo que el amor abnegado que una madre siente por un hijo. Cuando Isaías quiso explicar el amor de Dios, utilizó esta imagen: “¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta?”.

Este tipo de amor firme es resignado y benigno, no busca lo suyo sino que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Lo más alentador de todo es que una fidelidad como esa “nunca deja de ser” porque “aunque los montes cambiasen y vacilaran las colinas, no cambiaría mi amor”.

¿Cómo puede un ser humano amar tanto a un hijo que esté dispuesto a renunciar por él a una parte importante de su libertad? ¿Cómo puede el amor humano ser tan fuerte que acepte voluntariamente la responsabilidad, la vulnerabilidad, la ansiedad y el dolor, y lo sigue haciendo una y otra vez? ¿Qué tipo de amor mortal hace sentir, después de tener a un hijo, que la vida jamás volverá a ser suya nuevamente?

El amor maternal tiene que ser divino. No hay otra explicación. Lo que las madres hacen es un elemento esencial de la obra de Cristo. El saber eso debería bastar para indicarnos que el efecto de ese amor oscila entre lo insoportable y lo extraordinario, una y otra vez hasta que, cuando todo hijo en la tierra esté seguro, puedan decir con Jesús “he llevado a cabo la obra que me encomendaste”.

Gracias, mamá