Los obispos extremeños alzan la voz ante la despoblación: ‘Por amor a nuestro pueblo’

Los obispos extremeños alzan la voz ante la despoblación: ‘Por amor a nuestro pueblo’

A continuación reproducimos la carta en la que, bajo el título ‘Por amor a nuestro pueblo’, los Obispos de la Provincia Eclesiástica Extremeña expresan su preocupación por la despoblación que sufre Extremadura y piden una acción política decidida en este tema.

 

POR AMOR A NUESTRO PUEBLO

 

Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia que peregrina en nuestra provincia eclesiástica. ¡El Señor os dé la paz!

Desde el 31 de marzo de 2019 se viene recordando la realidad de la España vaciada. Con este término nos referimos a las zonas de España que sufrieron emigraciones masivas durante el denominado éxodo rural de los años 1950 y 1960. Forman parte de la España vaciada aquellas provincias que eligen cinco o menos diputados en las elecciones al Congreso de los Diputados. Esa parte de España no solo se está quedando vacía, sino que sucesivas políticas de todo signo la están vaciando, tanto de población como de acciones para revertir esa situación.

Esta realidad patente en muchos pueblos de España, afecta también a nuestra tierra extremeña y a la zona de Salamanca que abraza nuestra provincia eclesiástica. Bastaría un simple ejercicio de lo que podemos denominar un “análisis emocional de la realidad” para descubrir la gravedad de la situación que atraviesa nuestra región, visible en síntomas variados: en las plazas se ven pocos niños jugando; los pueblos están envejecidos, y cada vez son más las personas envejecidas en nuestras casas.

De hecho, nuestras residencias de ancianos y la atención a personas muchas veces ancianas y enfermas, que viven solas en sus hogares, se están convirtiendo en una importante fuente laboral.

Otro síntoma fácilmente constatable del vacío que sufren muchos de nuestros pueblos, sobre todo en las zonas rurales, lo palpamos dando una vuelta por sus calles, particularmente en centros históricos. Nos sobrecoge la cantidad de casas semiderruidas o letreros que anuncian que están en venta. Por otra parte, podemos apreciar que donde, no hace muchos años todavía, había bancos, panaderías, ultramarinos, zapaterías y otros comercios, apenas queda hoy rastro de actividad laboral o comercial.

Si a esta constatación general ponemos delante algunos números, nos daremos cuenta de la situación seria en que se encuentra nuestra región, aunque la problemática es compartida por el resto de nuestra provincia eclesiástica. Solo dos ejemplos que pueden ser significativos.

En enero de 2024, de los 388 municipios con que cuenta la región, 144 han visto aumentar su población, 231 han experimentado un descenso y en 13 la cifra se ha mantenido estable. Este hecho hace que en marzo del 2023 el INE dejase claro que Extremadura había perdido habitantes durante la última década a un ritmo de doce al día, o sea, uno cada dos horas. Según las estimaciones, la caída de población se mantendrá casi igual a lo largo de los próximos diez años

Otro dato que nos parece importante señalar es que esa pérdida es especialmente dolorosa en lo que se refiere a los jóvenes. La región perdió 20.900 jóvenes de 15 a 24 años entre 2012 y 2022. Esto hace que el índice de envejecimiento de la población no deje de crecer en la región desde los años 80.

A todo esto hay que añadir el hecho de que la tasa de pobreza de Extremadura es la más alta de toda España. Una tasa que alcanza sobre todo a las mujeres rurales que en muchos casos viven cuidando de sus familiares, especialmente ancianos, y se dedican a las labores domésticas, por lo que su acceso al empleo es muy limitado.

Tampoco podemos olvidar otros factores que contribuyen a nuestra Extremadura vaciada y retrasan el desarrollo de nuestra región: la escasa industria, la realidad de nuestras comunicaciones a menudo deficientes, del tren rápido que no acaba de llegar, de los nuevos megaproyectos que dañan nuestro medio ambiente y eliminan posibilidades de desarrollo, además de las pérdidas de prestaciones sanitarias, ya que no todos los días hay atención médica en los consultorios de los pueblos pequeños que comparten personal sanitario.

Nuestro análisis, sin embargo, sería injusto si olvidáramos los signos de esperanza que tampoco faltan en nuestra tierra, tan rica en valores y patrimonio humano, cultural, natural: familias que llegan atraídas por la calidad de vida y la posibilidad de teletrabajo, la solidaridad que se da entre nuestras gentes, iniciativas de emprendimiento en nichos laborales ligados a la producción propia de un entorno rural, e incluso descubriendo otros nuevos.

Todo esto nos ofrece motivos de esperanza. Una esperanza que se ve acrecentada por la calidad humana y la capacidad emprendedora de nuestras gentes. Esa esperanza nos sostiene y nos mantiene en movimiento, capacitándonos para superar la tentación de permanecer paralizados o, peor aún, de perdernos en los temores que se instalan dentro de nosotros mismos ante un futuro incierto. Como nos recuerda el Papa Francisco, la esperanza es nuestra ancla y nuestra vela, el motor que nos da fuerza para seguir adelante enfrentándonos a los desafíos siempre nuevos que se nos plantean, y para no ceder ante lo que podríamos llamar el cansancio de la esperanza.

Ante la realidad de la Extremadura vaciada, cuantos formamos parte de la Iglesia que peregrina en esta región no podemos quedar insensibles. A nosotros, pastores de la Iglesia en Extremadura, nos preocupa la crisis del medio rural, así como los desequilibrios geográficos que amenazan con hacer inviables extensos territorios en términos sociales, económicos y demográficos, pero al mismo tiempo no hemos de levantar la guardia contra todo aquello que nos impide caminar.

Como Iglesia no tenemos una solución a estos problemas, por eso pedimos una acción política decidida, tanto a escala autonómica y nacional como europea que se enfrente a esta situación de emergencia. Al mismo tiempo con esta carta pedimos, particularmente a las autoridades civiles, que tomen conciencia de lo que todo ello significa para nuestra región, y que unamos fuerzas para dar pasos, todos unidos, por pequeños que parezcan, para revertir esta situación en que nos encontramos. Es una petición que nace únicamente del amor que tenemos a nuestro pueblo.

Como signo concreto para lograr una mayor sensibilización ante esta situación de los pueblos de nuestra provincia eclesiástica, pedimos que en todas las parroquias se toquen las campanas de nuestros templos el día 31 de marzo a las 13’00 horas, y que en las celebraciones del domingo día 30 se tenga presente esta realidad en alguna monición o en la oración de los fieles.

Sabiendo que a todos nos une el amor por nuestra tierra, os saludamos y bendecimos. Vuestros pastores.

10 de marzo de 2025.