22 Oct ‘Lo que tenía para vivir’, artículo de la sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia
A continuación les ofrecemos el último artículo que, bajo el título ‘Lo que tenía para vivir’ sale publicado en la sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia.
Lo que tenía para vivir
“Estira la mano, dobla el codo… y queda bendecido todo”. Con estas palabras, mientras realizaba la señal de la cruz sobre los alimentos que había en la mesa, daba comienzo una convivencia de antiguas catequistas y amigas con el sacerdote diocesano Juan de la Fuente, que sigue visitando de vez en cuando a la feligresía de su tan querido San Andrés de Navalmoral, a pesar de que se jubiló hace ya más de quince años.
Invitado por la anfitriona, me senté en una esquina de la mesa para contemplar en silencio aquella escena: un grupo de catequistas y el sacerdote que les acompañó durante más de treinta años evangelizando a las niñas y niños de primera comunión de las parroquias moralas. Todas peinan canas, y Juan también. Parecía que no había pasado el tiempo. Ni un mal gesto; ni una mala palabra. Un rato de oración común, una mesa compartida, risas, anécdotas y confesiones mutuas.
Llega la oración compartida. El Evangelio de la viuda pobre (Lc 21; 1,4) que echó en el cepillo del templo las dos monedas que tenía para vivir. A sus más de noventa años, el “curita” Juan fue desentrañando el Evangelio con la misma sencillez con la que bendijo la mesa, la que le ha caracterizado siempre. Algunas se reconocían en la viuda del Evangelio: mayores, viudas, con achaques, sin mucho que aportar ya, desganadas… Y surge la pregunta: ¿y qué quiere decirnos Jesús con que echó lo que tenía para vivir?
Con la rapidez que le caracteriza, Juan se rascó la nariz e interpeló de nuevo: ¿qué tienes tu para vivir que puedas entregar? Y sin dar tiempo a la respuesta dijo: tiempo. Entregad vuestro tiempo.
Nunca lo había interpretado así: lo que tenemos para vivir, lo más valioso para dar es nuestro tiempo. Dedicar tiempo a las personas para compartir, para escuchar, para ayudar, o simplemente para estar, aunque sea para estorbar y hacer santo a alguien.
Este inicio de curso, volvamos a entregar al Señor lo que tenemos para vivir, entregando a las personas nuestro tiempo, como Juan y sus “niñas” de la catequesis.