12 Feb La presencia de Dios: sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia
A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título La presencia de Dios sale publicado en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia en la sección Diálogos.
La presencia de Dios
La presencia de Dios es un ejercicio de vida espiritual destinado a mantenernos en contacto con Él en medio de las diversas ocupaciones diarias. Es, se puede decir, una oración mental que se prolonga durante la jornada entera. Y al igual que ella está compuesto de un doble elemento: pensamiento y afecto; se trata de pensar en Dios y de tener el afecto dirigido a Él.
El elemento principal no es el pensamiento, como muchos creen, sino el afecto, lo mismo que en la oración mental; el pensamiento sirve para orientar el corazón, o sea, la voluntad, hacia Dios; pero luego mediante la voluntad el alma se une más íntimamente al Señor y orienta a Él todo su obrar.
Por lo demás, es más fácil permanecer largamente en contacto con Dios por medio de la voluntad o deseo que por el entendimiento. La diferencia entre la aplicación del entendimiento y de la voluntad se deriva del hecho de que prácticamente no es posible pensar en Dios de un modo ininterrumpido, dado que muchas veces nuestras ocupaciones exigen toda la atención de que no somos capaces de pensar simultáneamente en dos cosas dispares.
En cambio, aun cuando nuestra mente esté enteramente ocupada en el trabajo que estamos realizando, puede el corazón permanecer orientado hacia Dios, porque, aun cuando el trabajo fuese por su naturaleza dispersivo, podríamos siempre hacerlo por Él, es decir, para cumplir su voluntad y darle gloria. Lo mismo que un padre, sólo con soñar que a los suyos no les falte nada, realiza toda su jornada laboral unido a ellos.
Podemos hacerlo fogueando directamente el afecto mediante breves ejercicios como son las jaculatorias o invocaciones piadosas, el ofrecimiento de nuestras acciones al comenzar el día o antes de cada una de ellas, las comuniones espirituales, una mirada fugaz dirigida hacia el cielo, un breve recuerdo del Señor, etc., es decir, por medio brevísimas conversaciones con Dios en que le manifestamos nuestro amor y nuestra confianza. Pero esto no nos será posible, si el pensamiento del Señor no vuelve muchas veces a nuestra mente.