La Diócesis clausura el Año Jubilar, pero deja ‘viva’ la llama para la Esperanza

La Diócesis clausura el Año Jubilar, pero deja ‘viva’ la llama para la Esperanza

En una ceremonia sencilla, pero grande, que será recordada por los que en ella participaron y asistieron, la Diócesis de Plasencia clausuraba este domingo, 28 de diciembre y coincidiendo con la Jornada de la Sagrada Familia, el Año Jubilar en el que el mundo entero ha vivido un periodo de gracia bajo el lema Peregrinos en la Esperanza, una esperanza que queda como «llama viva» para el futuro.

La ceremonia estuvo presidida por nuestro Obispo, Monseñor don Ernesto J. Brotóns Tena, con la presencia del Emérito de Albacete, del Vicario General y resto de vicarios, del Deán Presidente del Cabildo y miembros del mismo, de Arciprestes y de numerosos sacerdotes llegados hasta la Catedral de Plasencia desde distintos puntos de la Diócesis, y contó una enorme presencia de fieles y religiosos que llenaban la seo, entre ellos numerosos representantes de delegaciones y otros estamentos diocesanos. El acompañamiento musical corrió a cargo del Coro Cum Iubilo, con dos músicos y con el sonido de órgano de don Eugenio Mateos. También se cerró el acto con los villancicos de los Frailes Siervos de María de Indonesia.

También se hizo hincapié, en un momento del acto, a la Festividad de la Sagrada Familia, cuya Jornada se celebraba este domingo. Los delegados de Pastoral Familiar leyeron una oración y destacaron la importancia de compartir la fe en la familia a través, como reza el lema de este año, del matrimonio.

En su homilía, Monseñor Brotóns señaló que «estoy convencido de que el Jubileo ha sido un regalo para todos nosotros y para nuestra iglesia diocesana, un regalo que el Señor, seguro, hará fecundo», y se mostró satisfecho con la semilla que deja. «Se cierra el Jubileo, pero queda abierto, más que nunca al Corazón de Cristo… Él es la verdadera puerta santa que nunca se cierra y Él es ahora, como le recuerda el libro del Apocalipsis, quien llama a nuestra puerta y espera», añadió.

El prelado pidió que «abramos las puertas de nuestro corazón a Cristo, la palabra hecha carne, Dios verdadero de Dios verdadero, como nos ha recordado Nicea, y hermano nuestro. La puerta de nuestro corazón decía este jueves el cardenal arcipreste de la Basílica de Santa María al cerrar la Puerta Santa, se abre al escuchar la palabra de Dios, se ensancha al acoger al hermano y se fortalece al perdonar y pedir perdón».

También nos interpeló para que «aprovechemos el impulso que este año jubilar nos ha dado. Para ello es necesario, como recordaba San Juan Pablo II en la clausura del Jubileo del 2000, recomenzar una y otra vez desde Cristo. Recomenzar desde Cristo con el impulso de Pentecostés. No dejemos de implorar el don de su espíritu».

Por último, añadió que «ruego al Señor en esta tarde que la llama de la esperanza permanezca encendida en nuestras comunidades, sostenga nuestros pasos, a veces y inciertos y dubitativos. Consuele a quienes atraviesan dificultades y haga de todos nosotros un testigo fiel y gozoso del Evangelio».

Homilía completa

Por su parte, el delegado del Jubileo, don David Calderón, Vicario de Pastoral, quiso agradecer a todos, sacerdotes y laicos, los que han participado en la celebración del Jubileo. Cifró en, aproximadamente, 3.000 los peregrinos llegado de la diócesis y fuera de ella, y se congratuló porque unos 3.000 euros recaudados en las colectas de los distintos jubileos irán a parar al fondo de solidaridad diocesano. Don David hizo un recorrido por los jubileos y por los actos que se han celebrado de forma paralela y quiso agradecer a los distintos colectivos y personas («sacerdotes y laicos movidos por su amor a la Iglesia») que, significativamente, han tenido un papel clave en el buen desarrollo.

«El Jubileo no es una meta, sino un medio privilegiado para renovar nuestra vida cristiana cotidiana. La experiencia del amor de Dios no es un logro del que presumir, sino la fuerza interior que nos impulsa a vivir con renovado gozo, a dar testimonio de la fe con nuestra vida y a caminar unidos a Cristo, sostenidos por la esperanza de saber que Él permanece siempre a nuestro lado», comentó en su alocución.

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