22 May Iglesia en Plasencia: ‘Sostén’ (Editorial del último número de la revista diocesana)
A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título Sostén, sale publicado en la sección Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.
Sostén
Sostén es la persona o cosa que sostiene y también se refiere al apoyo moral, protección. Según estas definiciones se puede aplicar este término al Espíritu Santo según es presentado por los Evangelios como la promesa del Resucitado para proteger y apoyar la labor misionera de sus discípulos tras su Ascensión. El vocablo específico utilizado por Jesús es paráclito, procedente del griego y de difícil traducción al castellano.
Objetivamente la acción de la tercera persona de la Santísima Trinidad es la de hacer presente en la vida del cristiano la acción salvadora de Jesucristo, actualizar el triunfo del crucificado sobre el pecado y la muerte en la realidad concreta del creyente. Haciendo posible que en él también se manifieste que el mal no puede vencer y que la muerte no tiene la última palabra sobre la vida.
Sostener la vida cotidiana del seguidor de Jesús implica muy diversas acciones, iluminar en momentos de oscuridad para no dejarse llevar por el pesimismo; fortalecer el empeño por hacer presente una forma distinta de alcanzar la felicidad cuando el pragmatismo y la inmediatez lo debilitan; disponer al orante a continuar con su escucha de la Palabra y dejarse interpelar por ella cuando se hace fría la tarea.
Tarde o temprano el ánimo del discípulo descubre la distancia entre el ideal evangélico y la cruda realidad. Un trecho insalvable a nivel humano, pero que espiritualmente se percibe como la evidencia para reconocer y hacer presente la necesidad de la ayuda divina. El don del Padre hace posible que la respuesta a las exigencias a la normativa evangélica sea positiva.
Épico es el combate de la fe. Sólo se puede salir vencedor con la ayuda divina. Para eso está el Espíritu Santo. Apoyados en él se puede realizar confiadamente la tarea de hacer vida el Evangelio y dar testimonio convincente de nuestra esperanza. Así se convierte en una fuente del Amor de Dios, que se ha de transportar hasta los rincones más difíciles.
Nadie, por sí mismo, puede responder adecuadamente a la llamada que Dios le hace. El ideal parece lejano y la debilidad agota la buena voluntad. La respuesta adecuada se produce cuando uno se apoya en la acción del Espíritu Santo quien es abogado, intercesor, consolador y sostén.