20 Mar Iglesia en Plasencia, sección Liturgia: ‘Confirmación’ (publicado en el número 643)
A continuación les ofrecemos el artículo de Iglesia en Plasencia obra de don Miguel Ángel Ventanas, delegado de Liturgia y Animación a la Oración, bajo el título ‘Confirmación’, referente al sacramento.
Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los «sacramentos de la iniciación cristiana», cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. En efecto, a los bautizados «el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras». [CIC 1285]
El ministro ordinario es el obispo y los signos del sacramento son La renovación de las promesas del Bautismo, la imposición de manos, La unción con el crisma (rito esencial del sacramento) y el gesto de la paz.
En el rito romano, «el sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo. Es esta imposición de las manos la que ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la Iglesia, la gracia de Pentecostés». [CIC 1288].
De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés. Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal: nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir «Abbá, Padre» (Rm 8,15); nos une más firmemente a Cristo; aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo; hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia.