Iglesia en Plasencia, sección Historia: ‘Balance y reconocimiento’, publicada en el número 642

Iglesia en Plasencia, sección Historia: ‘Balance y reconocimiento’, publicada en el número 642

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Balance y reconocimiento’, sale publicado en la sección Historia del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Balance y reconocimiento

Llegados al final de este recorrido por los sucesos ocurridos durante los primeros meses de la Guerra Civil, y después de ver las catastróficas consecuencias que tuvieron tanto para las personas como para los edificios, sólo nos queda hacer el balance de los mismos y lo que supuso en ese momento para la diócesis.

Todos los pueblos del sur de la diócesis, Navalvillar de Pela, Acedera, Orellana la Sierra, Orellana la Vieja, Don Benito, Mengabril, Valdetorres, Medellín, Guareña, Manchita, Cristina, Santa Amalia, se vieron afectados en mayor o menor parte por las tropelías cometidas por las fuerzas republicanas contra la Iglesia. En todos, los sacerdotes, fueron detenidos corriendo mejor o peor suerte en cuanto al trato recibido por sus captores. Todos, salvo el párroco de Santa Amalia y el de Acedera, fueron asesinados, algunos de una forma especialmente cruel, ensañándose con ellos antes de asesinarlos o después con el cadáver; simplemente por el hecho de ser sacerdotes y lo que representaban, que para las autoridades no cabía dentro de su nueva idea de sociedad.

Los edificios corrieron igual suerte. En primer lugar todos los templos parroquiales son incautados por las autoridades, para después ser profanados. Acto seguido comenzaba la destrucción de todo cuanto había en su interior, imágenes, retablos, vestiduras… todo fue pasto de las llamas o de la rapiña; quedando los edificios desprovistos de toda referencia religiosa. Posteriormente cada uno corrió su propia suerte, unos fueron abandonados, otros convertidos en cárcel improvisada, en salones de baile o conferencias, garajes, talleres, viviendas de milicianos… ermitas, capillas y símbolos religiosos en calles o casas, corren la misma suerte.

En la mayoría de las poblaciones antes citadas, salvo las que poco a poco iban pasando a manos nacionales, durante dos años, la religión estuvo prohibida por imposición de las autoridades, que acabaron con todo rastro de la misma; obligando a todos, creyentes o no, a celebrar los acontecimientos importantes de la vida o las fiestas populares, según sus directrices e ideología, sin dejar posibilidad alguna de acceder a ningún tipo de servicio religioso, todo tenía que ser única y exclusivamente civil; por imposición.

Una vez en territorio nacional, la diócesis tuvo pudo enviar sacerdotes a las distintas localidades, teniendo que recurrir incluso a sacerdotes de otras diócesis para que pudiesen atender las parroquias, iniciándose así una ingente tarea de reconstrucción material, pero sobre todo espiritual.

Al mismo tiempo y ante la magnitud de los hechos comienzan a organizarse actos de homenaje a los sacerdotes mártires. El mismo obispo D. Feliciano Rocha Pizarro, envía una carta a todos los diocesanos fechada el 18 de enero de 1939, donde, a la espera del reconocimiento por parte de la Iglesia, califica como verdaderos mártires a los sacerdotes,… que en su odio contra cuanto lleva el sello religioso, ha sacrificado en nuestra amadísima diócesis la furia marxista; en la misma carta reconoce su heroísmo, y ejemplo a imitar por todos los diocesanos.

Posteriormente, el 2 de junio de 1942, se celebra en la catedral de Plasencia un solemne funeral, así como en todas las parroquias de la diócesis, por los veintiséis sacerdotes diocesanos asesinados durante la Persecución religiosa. Ese mismo día en el Seminario diocesano se inaugura una placa en homenaje a los sacerdotes asesinados, que todavía hoy podemos contemplar, aunque desplazada de su lugar original en el centro del primer claustro del mismo; y que fue costeada por los fieles diocesanos por iniciativa de la Junta diocesana de Acción Católica.

* En este mismo año, la diócesis publica el libro Flores de Martirio, donde se recoge una breve biografía de cada uno de los mártires, que posteriormente se enviará a todas las parroquias con el fin de mantener viva su memoria en todos los fieles diocesanos.