Iglesia en Plasencia: ‘Reino’ (publicado en la sección editorial de la revista diocesana)

Iglesia en Plasencia: ‘Reino’ (publicado en la sección editorial de la revista diocesana)

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Reino‘, se publica en la sección Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Reino

Reino de Dios es, en la tradición cristiana, el estado anunciado por los profetas de Israel e instaurado por Jesucristo en su Iglesia. Es el Reino de los cielos en contraposición con los reinos de la tierra. Uno se basa en bienes y valores espirituales y el otro en realidades e intereses materiales. Por eso las fuerzas con las que se expanden y manifiestan su presencia son también diferentes.

En la actualidad el antagonismo con el Reino de los cielos no lo representa un gobierno en concreto. El contraste se manifiesta en la sociedad y sus valores imperantes que difieren con la enseñanza de Jesucristo. En los dos mil años de cristianismo los valores del reino han ayudado a que la humanidad se desarrolle, pero no se ha conseguido su instauración plena. Aunque el ser humano se ha enriquecido por el reconocimiento de su dignidad.

Imaginar una humanidad donde se hagan presentes los valores del Reino de los cielos es una ensoñación. Ni siquiera dentro de la Iglesia se consigue que las personas y las estructuras se rijan plenamente por los ideales espirituales. La realidad es que los intereses humanos y materialistas desvían el rumbo eclesial de su destino perfecto. En el tiempo y bajo las necesidades corpóreas es fácil alejarse del ideal Evangélico.

No hay una derrota del Reino de los cielos cuando se hace patente que los intereses terrenos dominan. Desde su implantación, el Reino de Dios vive en minoría, no busca un triunfo arrollador ni precisa de una manifestación deslumbrante. La vida de Jesucristo estuvo lejos de querer ser una presentación oficial al estilo en que hoy se dan a conocer las novedades que se ofrecen al consumidor.

Observar la forma en que Jesús da a conocer su reino, el modo en el que lo da a entender, ofrece la pauta en el que se ha de hacer presente en la sociedad. Desde la sencillez; ofreciendo una verdad sin violencia, pero con convicción; mostrando signos de lo positivo que es; mediante testigos sencillos pero ilusionados que lo prolonguen; respetando el tiempo de cada uno. Es algo que conduce a la eternidad y que solo precisa de quien, convencido, incluso en las peores circunstancias, se atreva a decir: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».