Iglesia en Plasencia: ‘Luces, luces, luces (sección Diálogos de la revista diocesana)

Iglesia en Plasencia: ‘Luces, luces, luces (sección Diálogos de la revista diocesana)

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Luces, luces, luces’, salió publicado en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Luces, luces, luces

Desde primeros de Noviembre hemos asistido –entre asombrados y empachados– al encendido de las luces de Navidad de las grandes ciudades del país, siendo primera noticia en los informativos televisivos. Vigo y sus innumerables bombillas, Madrid y sus diseños innovadores, estrellas de Hollywood en Cuenca y Málaga, nieve artificial en Cáceres. Luces, luces, luces.

Un alumbramiento silencioso, discreto y casi a oscuras lo hemos convertido en un atracón de luces que se encienden y se apagan, en forma de cajas de regalos, patines, cadenas interminables, gorros de papa Noel… mil y una formas que deforman la imagen que debería presidir estos días previos a la Navidad: la de una espera contenida, una esperanza sosegada, un desear que se cumplan las promesas hechas desde antiguo. Porque “la ciudad no necesita del sol ni de la luna (ni de luces) que la alumbre; pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero” (Ap 21,23).

El que dijo que era la Luz del mundo (Jn 8,12), del que se dijo que era luz que brilla en la tiniebla (Jn 1,5), del que se predijo que sería luz para iluminar a las naciones (Is 49,6), es oscurecido por miles de lucecitas que, en llegando Reyes, se apagarán. Y después, ¿quién será nuestra luz?. “El Señor es mi luz y mi salvación” (Sal 27,1). “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; una luz les brilló” (Is 9,1).
La costumbre de asociar la luz con la Navidad se remonta a tiempos antiguos, donde las luces simbolizaban la esperanza, la luz divina y el renacimiento. Pero con tantas luces por todos lados, ¿encontraremos de verdad aquella luz que, puesta sobre el candelero, alumbrará a todos los que están en casa? (cf. Mt 5,15).

Virgen inmaculada, limpia de todo pecado, morada de Dios y arca de la nueva alianza, que es Cristo, hijo tuyo y Señor nuestro. Con amor filial nos dirigimos a ti, que eres abogada de gracia y ejemplo de santidad. Nuestro seminario, al que ha dado nombre el misterio de tu Concepción inmaculada se acoge a tu intercesión.

Ante tu bendita imagen, generaciones de seminaristas han desahogado sus inquietudes y han aprendido de ti a pronunciar el fiat.

Reina de los apóstoles.