29 Ene Iglesia en Plasencia: ‘Ajeno’ (Editorial del número 640 de la revista diocesana)
A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Ajeno’, ocupó el Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.
Ajeno
Ajeno es un adjetivo que identifica lo que no es propio. Aquello con lo que no se tiene vinculación alguna. Manifiesta una separación desde el afecto más que desde la proximidad física. No ser ajeno a algo implica interés por ello; vinculación afectiva. Es difícil sentirse ajeno a ciertas realidades y sufrimientos, a pesar de que no se esté vinculado. Ante las catástrofes naturales o accidentes de transporte con numerosas personas fallecidas y heridas es difícil no sentirse afectado.
Junto a un sentimiento de compasión, se percibe un deseo profundo de rectificar y poner los medios para que aquello no vuelva a suceder. Brota desde lo más profundo una búsqueda de la justicia y de que se restablezca la bondad. Se percibe como el mal se ha manifestado; que el dolor y la muerte no corresponden a la verdadera esencia de la vida. Se desea restablecer el bien porque lo acaecido es ajeno a la verdadera realidad del ser humano.
Es un momento en que se percibe que el ser humano está llamado a una existencia donde el sufrimiento y la muerte no tengan la última palabra. La propia naturaleza humana se rebela contra esta realidad, reconociendo que está llamada a algo superior. La fe identifica esta realidad con la vinculación a lo eterno y ser criaturas de Dios. El ser humano se identifica con una plenitud que queda incompleta ante la realidad que se descubre en una catástrofe.
No se perciben como propias la vida interrumpida, las heridas que impiden la actividad cotidiana, el sufrimiento que perturban el ideal de felicidad. Es un anhelo de una plenitud que supera el tiempo y el propio cuerpo. De esta forma, lo espiritual y lo eterno se descubren como algo inscrito en la naturaleza humana.
Observar en la propia esencia el deseo de una plenitud que no está al alcance y la necesidad de que alguien la complete abre a lo divino. Una apertura que encuentra su respuesta en la manifestación de un Dios que se hace cercano y se encarna para elevar la naturaleza humana a la divinidad. La encarnación ofrece como plenitud la santidad y la eternidad de Dios y muestra que para quien ha querido compartir nuestra naturaleza nada del ser humano le resulta ajeno.