Iglesia en Plasencia: ‘Actitudes del catequista: Persona de fe’ (Catequesis)

Iglesia en Plasencia: ‘Actitudes del catequista: Persona de fe’ (Catequesis)

A continuación les ofrecemos el último artículo publicado en la sección Catequesis de la revista diocesana Iglesia en Plasencia, a cargo de don Ismael Pastor González, Delegado de Catequesis y Catecumenado de adultos.

Actitudes del catequista: Persona de fe

La fe no es algo reducido a momentos concretos, no se va a misa el domingo y se olvida el resto de la semana. Es algo que forma parte de la persona y, como tal, debe marcar su vida. Esto se vuelve especialmente significativo en los catequistas que, por el simple hecho de serlos, se convierten en referencia de fe para los catequizandos y para la sociedad. El catequista es modelo de fe y, por ello, debe ser una persona de fe profunda, que debe cuidar todas sus dimensiones de forma personal y comunitaria.
El catequista está llamado a profundizar en la fe creída, en el conocimiento de la fe. Conocer las fuentes de la catequesis le ayudará a profundizar sobre su propia fe y la destreza en su comprensión para poder transmitirla.

La fe también debe celebrarse. El catequista se convierte en mistagogo, esto es, en quien ayuda a interpretar e interiorizar, especialmente, lo que se vive en los sacramentos. Es imposible hacer esto si no tiene una vivencia personal de los mismos. La Iglesia, ya desde los primeros siglos, tiene el convencimiento de que los sacramentos es preciso vivirlos antes que entenderlos, y la vida del catequista también quedará marcada por ellos.

La fe debe hacerse vida. La fe se expresa en el servicio al prójimo y, desde él, la vida cristiana queda marcada por la conversión continua. También el catequista, en el encuentro con Cristo, debe recorrer un camino espiritual por el que, con renuncias, luchas y también gozos, vaya configurando su vida según el modelo de Cristo.

Finalmente, la vida del catequista debe quedar continuamente marcada por la oración. La catequesis no es hablar de Jesús, sino poner en contacto, en comunión, en intimidad con Él (cf. CT 5). El catequista no podrá hacerlo si la oración no es sustento de su vida.