Fe de erratas, artículo de la sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia

Fe de erratas, artículo de la sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título Fe de erratas sale publicado en la sección Diálogos del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Fe de erratas

Al leer este título, seguramente has pensado: “Aquí vienen los fallos del número anterior: palabras mal impresas, acentos olvidados, alguna frase que necesitaba corrección…”.

Pero no. Esta fe de erratas no habla de la revista. Habla de la vida. De esa parte que no siempre encaja, que no siempre entiendes del todo, que a veces queda abierta, como una frase a medio terminar.

Y aquí, en medio de nuestra historia, aparece María, que tuvo que aprender a leer una historia que no encajaba en sus esquemas: un anuncio inesperado, un camino incierto, una cruz incomprensible. Y aprendió a vivir dejando que Dios diera sentido incluso a lo que no entendía.

María escuchó una Palabra más grande que su miedo y se atrevió a vivir desde ella. No recibió explicaciones completas ni seguridades humanas; recibió una promesa. Y la creyó. Hace falta valentía para decir »hágase» cuando el camino no está trazado, para guardar en el corazón lo que no entiendes sin romper la alianza con Dios, para ponerse en pie y caminar deprisa hacia quien te necesita. María no vivió de evidencias, sino de confianza. Su fuerza no consistió en controlarlo todo, sino en dejar que la Palabra la sostuviera por dentro, incluso cuando la espada del dolor atravesó su alma.

En un mundo donde casi todo se apoya en cálculos, pruebas y garantías, María irrumpe como una contradicción luminosa: la de quien pone su vida en manos de Dios antes de tener respuestas y convierte esta fe en una forma de vivir, de servir y de permanecer en pie. Ella nos enseña que la fe no es refugio para cobardes, sino una forma radical de compromiso.

Mirar de verdad a María obliga a preguntarse si creemos en la Palabra de Dios o solo la toleramos mientras no nos cambie la vida. Hablar de María debería conducirnos a la pregunta decisiva: qué ocurre cuando nos tomamos a Dios completamente en serio. Y María nos invita a plantearnos esta cuestión cada mes del año, sea o no mayo florido.