Entrevista a don Gaspar Hernández Peludo, Rector del Teologado de Ávila en Salamanca

Entrevista a don Gaspar Hernández Peludo, Rector del Teologado de Ávila en Salamanca

A continuación les ofrecemos la entrevista realizada en Iglesia en Plasencia a don Gaspar Hernández Peludo, Rector del Teologado de Ávila en Salamanca y profesor en la Facultad de Teología de la UPSA.

“Tenemos que pasar de una pastoral vocacional centrada en la autorrealización (¿qué quiero ser?) a una centrada en la llamada recibida para los demás (¿para quién soy?)”

Gaspar Hernández Peludo es sacerdote de la diócesis de Ávila, donde nació en un pueblo del sur de la provincia (Lanzahíta). Entró en el Seminario menor de la diócesis y se formó en el Teologado y en la Universidad Pontificia de Salamanca. Realizó la licenciatura y el doctorado en Teología Dogmática, con especialidad patrística, en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, bajo la dirección del actual Cardenal Ladaria. Desde su reincorporación a la diócesis hermana ha trabajado sobre todo en el campo de la enseñanza y en la pastoral vocacional: siendo delegado de Pastoral vocacional, formador del Seminario Menor en Familia y desde 2012 rector del Seminario. Participa en una sesión de Formación Permanente del Clero junto a nuestro Obispo, Monseñor Brotóns, sobre las vocaciones.

– ¿Cuál es la situación actual de las vocaciones?

– Si lo analizamos desde un punto de vista cuantitativo las vocaciones al sacerdocio en nuestras diócesis han descendido notablemente en los últimos decenios, aunque en este último año ha habido un tímido repunte según las estadísticas; en cambio si los vemos en perspectiva cualitativa, en este tiempo se está haciendo un notable esfuerzo por cuidar la calidad del discernimiento y de la formación. Normalmente los chavales que ingresan en el Seminario lo hacen con convicción más profunda aunque con las fragilidades y heridas propias de su generación, a veces incluso contracorriente de su familia o amigos. No obstante, estos datos son equivalentes a la crisis vocacional en otras formas de vida en la Iglesia (vida consagrada, matrimonios, compromiso misionero etc.).

– ¿Por qué en otros territorios aumentan cuando aquí bajan?

– Esto es un misterio que sólo el Señor conoce del todo. Pueden intervenir razones de diverso tipo, desde factores externos (de orden demográfico o de marco sociocultural) hasta factores más profundos: la pérdida de la concepción de la vida como vocación, la crisis del “compromiso comunitario” en tiempos de una cultura narcisista, la debilidad de la fe de muchos cristianos que influye en una secularización interna, o la falta de comunidades cristianas vivas – como decía el papa Francisco – que oren por y se atrevan a proponer a los niños y jóvenes la llamada única y singular que Dios les hace en la Iglesia al servicio de nuestro mundo.

– Defina el verdadero papel de las vocaciones

– Conviene aclarar que la vocación no es propiedad exclusiva de los sacerdotes o de los religiosos. Todo cristiano es un “vocacionado”, más aún todo hombre, como nos recuerda el Concilio Vaticano II. La vida es vocación y dar con la vocación de la vida es el secreto de la felicidad. La vocación sacerdotal es una forma concreta de responder a la común vocación a la santidad recibida en el bautismo que realiza plenamente la vocación humana. Sin vocación no hay Iglesia que es la “asamblea de los llamados” y sin “vocacionados” no hay misión evangelizadora en el mundo. Parafraseando a San Pablo: ¿cómo van a creer si no son enviados ni llamados?

“La vida es vocación y dar con la vocación
de la vida es el secreto de la felicidad”

– ¿Cómo se descubre la vocación en uno mismo o en los que nos rodean? ¿Qué hacer?

– Lo primero y fundamental es la atención interior y la escucha del propio corazón donde Dios habla a veces en forma de sugestiones, preguntas, insistencias que se van haciendo certezas. Así les pasó a los discípulos de Emaús cuyo relato es un paradigma de cómo descubrir la vocación. A esta llamada interior se suman “señales” desde fuera que hay que saber interpretar siempre con la ayuda de otros que ven más que uno mismo. El reciente Congreso de vocaciones nos ha recordado cuatro itinerarios a tener en cuenta: la Palabra, la Comunidad, el propio Sujeto y la Misión.

– Se insiste en crear una cultura vocacional pero, ¿cómo se logra?

– En efecto, la pastoral de las vocaciones en la Iglesia presupone una cultura vocacional que es justo lo que hoy está en crisis, es decir, la concepción de la vida como vocación. Esta cultura se ha de cultivar en la familia, la educación, la catequesis u otras formas de comunicación. Sus claves podrían resumirse así: la vida es un don recibido por amor (“soy llamado porque soy amado”); de ahí el agradecimiento, al que se responde haciéndose también don para otros (en una vocación concreta). Tenemos que pasar de una pastoral de los valores y de la autorrealización (¿qué quieres ser de mayor?) a una pastoral de la llamada y del servicio (¿a qué soy llamado y para quién soy?).

“Esta cultura se ha de cultivar en la familia, la educación,
la catequesis u otras formas de comunicación”

– Es importante el acompañamiento, pero… ¿cómo debe ser?

– El acompañamiento se ordena al discernimiento de la propia vocación para que cada uno responda de forma totalmente libre a ella. En este sentido debe ser respetuoso, paciente, constante, metódico y, ante todo, estando acompañante y acompañado a la escucha del Señor que es “quien llama”. Como pastores y como agentes de pastoral tenemos que dedicar más tiempo a acompañar… Es una tarea oculta y gratuita pero a la larga la más eficaz en la pastoral vocacional.

– Parece ser que hay un repunte de la fe católica en los jóvenes. En caso de ser verdad, ¿Cómo podemos trasladarlo a que aumenten las vocaciones?

– Ciertamente hoy se habla de que lo católico está “de moda” por diversos fenómenos que hay aún que discernir con cautela y con tiempo, pero sea como fuere todo ello revela una sed de sentido y una búsqueda no colmadas por las propuestas actuales de la cultura y la sociedad del bienestar… No hay que apresurarse… pero esa sed y esa inquietud son el primer paso para un camino de descubrimiento de la propia vocación. La sed reclama una fuente y la búsqueda, la posibilidad de un encuentro.