Emotivo y multitudinario cierre del Año Jubilar Tellista por los 150 años de una obra ‘eterna’

Emotivo y multitudinario cierre del Año Jubilar Tellista por los 150 años de una obra ‘eterna’

Bajo la presidencia de nuestro Obispo, Monseñor don Ernesto Jesús Brotóns Tena, acompañado por Monseñor Ciriaco Benavente, Emérito de Albacete, Monseñor Amadeo Rodríguez, Emérito de Jaén, el Vicario General, Vicario de Pastoral, Arciprestes, sacerdotes del arciprestazgo y otros sacerdotes y religiosos y por las hermanas de la congregación de las Hijas de María Madre de la Iglesia, se ponía hoy el broche de oro al Año Jubilar Tellista con motivo de los 150 años de la fundación de la congregación y de la obra de Madre Matilde, una obra que ya es eterna. Cientos de jóvenes y de fieles quisieron estar presentes también en un momento único en el que, además, los responsables municipales de la ciudad de Don Benito quisieron perpetuar y dignificar con una placa a la puerta del Instituto de la Congregación.

«Es impresionante ver la Iglesia así de llena», reconocía Monseñor Brotóns en su alocución. «El Señor está grande con nosotros en este intenso año tellista concebido como año jubilar por Papa Francisco», iniciaba su alocución. «Testimonio de Fe, Esperanza traída de nuevo al corazón de tanta vida entregada, donde se nos ha congregado para buscar la gracia del Señor, buscar su perdón y renovar la fe con nuestra iglesia siguiendo los pasos de Jesús.
Jesús es Eucaristía, María madre de Jesús y Madre de la Iglesia, los niños y jóvenes a los cuales entregáis pasión y vida como a los enfermos y pobres en la fuente de la propia Eucaristía», añadía.

«Son amores que conforman toda una vida y la llenan de sentido. Amores que hacen de la vida entrega, dedicación, servicio. Respuesta como Madre Matilde, como hacen los pequeños y sencillos, como dicen los Evangelios, para entregarse a Dios como a los hermanos», señalaba. Además, comentaba que «el día de su beatificación, Juan Pablo II subrayó su pertenencia a Cristo y como ésta te transforma en una nueva criatura, palabras que debemos tener presentes. Pues encarnándose a la transformación a su tiempo y en la contemplación junto al altar para una llamada en adoración a Dios y los hermanos fueron los pilares al compromiso cristiano. Así sintió Madre Matilde una ofrenda de gracia a Dios y los hermanos con la vida eucarística con la vida convertida en un acto de amor. Una vida hecha eucaristía».

«El cierre del jubileo no significa un punto y final. Comienza ahora de nuevo, no parte de cero. Nos enriquece el esfuerzo y trabajo de una vida de ejemplo dedicada como Madre Matilde. Ojalá la memoria de este año jubilar siga prendiendo al Señor para ser testigos de su amor. Porque en el corazón del Señor descansamos nuestras dificultades y cansancios. Para prender desde Èl y hallar alimento y descanso y más aún en estos tiempos que nos toca vivir y seguir evangelizando», sentenció nuestro prelado.

Tras la Santa Misa se procedió a la procesión de la imagen de la Beata Madre Matilde para trasladarla a su capilla del Colegio del Sagrado Corazón. Allí, a la entrada, la Superiora de la Congregación ha descubierto una placa conmemorativa cortesía del Ayuntamiento en la que los dombenitenses recordarán siempre a la beata.

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