
02 Abr Editorial de Iglesia en Plasencia: ‘Carne’
Carne tiene relación con la realidad concreta en especial con la corporeidad. Encarnarse es tomar realidad. El misterio de la Encarnación es que Dios toma corporeidad y se hace carne. El que es infinito toma las dimensiones de un cuerpo humano. Quien creó la humanidad de la nada, el que con su soplo fue capaz de ofrecer vida, por este misterio el creador toma dimensiones de criatura, se hace hombre y acoge esta realidad.
Al compartir su existencia, la divinidad otorga sus categorías a la humanidad. De tal forma que la humanidad que está sujeta al tiempo y las dimensiones materiales se abre a una realidad que la sobrepasa y que la enriquece con la eternidad. Y recibe una invitación a adherirse a lo que está más allá, abriéndole a una dimensión espiritual.
Reconocer la Encarnación como una sobredimensión de la corporeidad humana incita a apreciar que Dios esté al tanto de la propia realidad y estimula a vivir en plenitud el beneficio recibido. Un Dios que se ha hecho carne conoce los anhelos más profundos y las urgencias más inmediatas, comprende al ser humano y es capaz de actuar con compasión y llevar al extremo la misericordia divina. A la vez que exhorta a desarrollar la capacidad espiritual y a vivir en esperanza en la certeza de la eternidad.
No le es extraño al que nació en Belén y vivió la mayor parte de su vida en Nazaret, ser solidario con el que sufre porque su realidad corporal y le impide actual con más vigor, con el que arrastrado por la urgencia de necesidades corporales olvida el ideal de eternidad y se embarra en lo inmediato. El jubileo de la Encarnación es una celebración de la misericordia de un Dios que es compasivo porque ha compartido nuestra realidad corporal.
Es también una invitación a la esperanza. A sobredimensionar la corporeidad con la certeza de la participación en la divinidad. Una llamada a la eternidad, desde la convicción de que lo que llena la capacidad del ser humano es la realidad eterna que Jesús ofrece como Buena Noticia. El ser humano ha sido capacitado a vivir en esperanza, a vivir plenamente lo que Dios le ha regalado al compartir su carne.