‘Don Pepito’, artículo de la sección Diálogos del último número de la revista Iglesia en Plasencia

‘Don Pepito’, artículo de la sección Diálogos del último número de la revista Iglesia en Plasencia

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Don Pepito’ sale publicado en la sección Diálogos del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Don Pepito

Don Pepito ya peina canas, pocas, y las arrugas le hacen surcos en los ojos, quizá de tanto mirar a lo profundo de las personas. Ronda los 90 y, encorvado sobre su andador, avanza despacio por el pasillo de la residencia donde, cumplida la edad reglamentaria, se jubiló tras una larga vida de pueblo en pueblo, de alma en alma; primero a burro, después en moto, por fin un coche…

De joven jugó al futbol en sotana. Después del Concilio, el alzacuellos era más práctico. Ahora, un pantalón de algodón y una chaqueta de lana –las corrientes en la residencia son frecuentes y los resfriados peligrosos- hacen el andar más cómodo y relajado.

Don Pepito es sacerdote, y a las 8 celebra misa en la capilla con los compañeros de la casa. Una veintena. Un par de sillas de ruedas, tres andadores contando el suyo. Las monjas que llevan la casa les ayudan. El canto sale regular; tantas voces ajadas de predicar el Evangelio  intentando seguir dando una buena nota ante su Señor. Tose uno, se remueve el otro; allí uno equivoca el salmo, aquí el otro le dedica a María, a destiempo, un canto de juventud. Pax tecum.

Cena y vuelve a la habitación. A veces abre la puerta, pero al no ver la estampa de la patrona de su pueblo cae en la cuenta de que se ha equivocado y se va. Le ocurre con frecuencia. Que no se acuerda. El olvido se ha instalado en su mente poco a poco y éste le está llevando a la soledad. Porque ya no recuerda…

Y porque ya casi no se acuerdan de él…

Claro que recibe visita de los compañeros de casa. ¡Cuánto le alegran! Pero ninguna de aquellos que viven puertas afuera. Algún sobrino, de vez en cuando. Olvidemos el teléfono… Don Pepito, cuando se acuerda, lo lamenta en oración. Es una espinita que tiene clavada. Y la ofrece. Y solo pide se acuerden de él cuando recen.

¡Que recen por los sacerdotes! Que a don Pepito, a veces, se le olvida ya hasta el rezar…