11 Feb ‘Diverso’, Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia
A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título Diverso, sale publicado en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia en la sección Editorial
Diverso
Diverso se refiere a que algo es de distinta naturaleza, especie, número. Aunque dentro de una misma realidad sin romper la unidad también se puede dar cierta variedad. La diversidad el signo de pluralidad sin romper la unidad.
Incluso en la vida cotidiana restar monotonía es enriquecedor. Después de asegurar lo esencial y sin detrimento de lo fundamental, disfrutar de algo novedoso hace más llevadera la rutina del día a día.
Varias tendencias pueden ser signo de riqueza, si las diferencias lejos de suponer un impedimento o deterioro suman y ofrecen algo positivo a lo que es común. En una familia lo especifico de cada miembro es una riqueza cuando se pone al servicio de los demás.
En el ámbito eclesial sucede lo mismo. Incluso se puede ver como la diversidad es una característica eclesial. Jesús no eligió a sus doce apóstoles según un único patrón. Una respuesta generosa a su Evangelio es lo que identifica a sus discípulos. Hacer presente el Reino de Dios es lo que ofrece unidad en la Iglesia.
Reconocer la diversidad como una riqueza eclesial es signo de apertura al Espíritu Santo que guía a la comunidad de discípulos. Querer imponer el propio modo de vivir el Evangelio es todo lo contrario. Por eso la diversidad bien entendida es un signo de sinodalidad. Para caminar juntos no es preciso imponer un único ritmo o modo de observar el paisaje. Lo esencial es dirigirse a la meta marcada por Jesucristo.
Siendo fieles a lo esencial y al sentido de pertenencia, la diversidad en la Iglesia es un ingrediente enriquecedor. Es obra del Espíritu Santo dar vida al cuerpo de Cristo en el que los diversos miembros han de ejercer bien su función en beneficio del todo. La infidelidad al Evangelio, las trabas al Reino de Dios o las reticencias contra el hermano son quienes imposibilitan la comunión eclesial.
Objetar que las diferencias perjudican la comunión es indicio de carencia de espíritu de comunión. La auténtica eclesialidad implica la aceptación y la promoción de una natural diversidad. La verdadera vivencia de la fe y la apuesta por el Reino de Dios en la Iglesia conlleva el respeto por cada uno de los hermanos y la aceptación de lo evangélicamente diverso.