
02 Abr Diálogos de Iglesia en Plasencia: ‘Siempre me sobran tornillos’
Montar un mueble tiene su truco. Sigues las instrucciones, ajustas las piezas y… te quedas con tornillos en la mano que no sabes dónde van. Puedes pensar: «Seguro que hice algo mal» o «Bueno, seguro que son de repuesto». Y olvidas que detrás de cada tornillo, el fabricante tenía una intención, un propósito.
¿Qué tal si llevamos esta experiencia a la vida cotidiana? A veces, somos nosotros quienes nos sentimos como «tornillos sobrantes», sin un propósito ni lugar claro. Otras veces, creemos que los demás sobran, porque no encajan en nuestra «estructura ideal». En ambos casos olvidamos que para Dios no hay piezas sobrantes.
San Pablo nos recuerda: «Así como el cuerpo tiene muchos miembros, pero no todos tienen la misma función, así nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo» (cfr. Rom 12, 4-5). No somos un «tornillo sobrante», y nadie a nuestro alrededor lo es. El problema, más bien, puede estar en nuestra incapacidad de ver el diseño completo de Dios.
Cuando nos sentimos fuera de lugar, solemos pensar: «¿Realmente soy necesario?». Quizá en ese momento nos cuesta entender nuestra misión dentro del plan de Dios. Y la gran tentación es abandonarnos en el «cajón de los tornillos sobrantes», olvidando que la mirada de Dios alcanza cada rincón de nuestra vida.
También podemos caer en el error contrario: mirar a los demás y pensar que no aportan nada. Nos cuesta reconocer que cada persona tiene un valor y una misión en el plan divino. El desafío está en cambiar la mirada y verlo todo con los ojos de Dios. El otro no es un error, sino una oportunidad para que yo aprenda a descubrir su función y la mía en el proyecto de Dios.
La próxima vez que dudes de tu propio valor o del de los demás, recuerda: nadie es un error de montaje. Tal vez el plano aún no esté del todo desplegado ante tus ojos, pero Dios sabe exactamente dónde encaja cada uno. Y recuerda que en el diseño de Dios, todas las piezas son imprescindibles.