‘Cruz’, artículo de la sección Liturgia del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia

‘Cruz’, artículo de la sección Liturgia del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Cruz‘ sale publicado en la sección Liturgia del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia, a cargo del delegado diocesano de Liturgia y Animación a la Oración, don Miguel Ángel Ventanas.

Cruz

“Sobre el altar o junto a él debe haber una cruz, con la imagen de Cristo crucificado, de modo que resulte bien visible para el pueblo congregado”. (OGM 270)

Signo central en la vida cristiana, sobre todo a partir del s.IV con la visión de Constantino. Ya en el s.V se conoce en Oriente una fiesta de la exaltación de la Santa Cruz el 14 de Septiembre y en Roma de la de la “Invención” el 3 de Mayo. Desde entonces sobre las personas y las cosas trazamos la señal de la cruz. En las casas de los cristianos ocupa un lugar preferente y es llevada por los mismos fieles. La usan como símbolo principal el Papa y los obispos. Abre las procesiones, sobre todo en las entradas solemnes para la celebración de la Eucaristía. Todo lo anterior es debido a que ningún símbolo resume mejor que la cruz el misterio cristiano. El brazo vertical nos abre a un Dios trascendente y el horizontal a un Dios que ha extendido sus manos a los hombres desde su misma humanidad. “Para destruir la muerte y manifestar la Resurrección extendió sus brazos en la cruz y así adquirió para ti un pueblo santo”(PEII). Si los cristianos somos un pueblo nacido de la cruz, cada vez que hacemos o portamos ese signo estamos proclamando nuestra fe.

En la Eucaristía, “Misterio Pascual”, recobra particular significación la presencia y señal de la cruz: preside la celebración desde un lugar notorio para el pueblo. Al empezar hacemos la señal de la cruz sobre cada uno de nosotros, como recuerdo de nuestra condición de bautizados. Al proclamar el evangelio nos signamos de nuevo pues, escuchando al mismo Cristo, deseamos que su palabra tome posesión de todos nuestros pensamientos, palabras, obras y sentimientos. Al final de la celebración somos bendecidos para poder vivir lo que hemos celebrado.