‘Crisma’: sección Liturgia del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia

‘Crisma’: sección Liturgia del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Crisma‘, sale publicado en la sección Liturgia del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia, obra del delegado diocesano de Liturgia y Animación a la Oración, don Miguel Ángel Ventanas Franco.

Crisma

Proviene del griego “chrisma”, que originalmente se refería a cualquier sustancia utilizada para ungir o untar, como aceites o ungüentos. Con el tiempo, especialmente en los escritos patrísticos, el uso de la palabra se restringió al aceite especial empleado en las celebraciones litúrgicas, particularmente en los sacramentos del Bautismo y la Confirmación En las Iglesias Orientales, se le conoce como “myron”, que significa «ungüento perfumado».

La liturgia cristiana adoptó la práctica del Antiguo Testamento de ungir a reyes, sacerdotes y profetas con aceite de consagración, ya que estos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa «el Ungido del Señor» el Mesías. Así, el crisma simboliza la participación de los cristianos en el sacerdocio real y profético de Cristo a través del Bautismo y la recepción de la unción espiritual del Espíritu Santo en la Confirmación para dar testimonio en el mundo.

El Santo Crisma, mezcla de aceite y bálsamo, es consagrado por el obispo en la Misa Crismal del Jueves Santo o en días anteriores de la Semana Santa y se emplea en el Bautismo, la Confirmación, el Orden Sacerdotal y en la Dedicación o consagración de iglesias y altares.

Tiene un fuerte significado simbólico. Pues el aceite de oliva, siendo por su propia naturaleza rico, difusivo y durable, es apto para representar la efusión abundante de la gracia sacramental, mientras que el bálsamo, que le da los olores más agradables y fragantes, significa la dulzura innata de la virtud cristiana. El aceite también da fuerza y flexibilidad a las extremidades, mientras que el bálsamo preserva de la corrupción. Así, la unción con el crisma significa la plenitud de la gracia y la fortaleza espiritual por las cuales somos capaces de resistir el contagio del pecado y producir la frutos abundantes de vida cristiana. «Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo…» (2 Cor. 15).