Comunicado de la pastoral rural misionera de las diócesis extremeñas sobre la guerra en Irán

Comunicado de la pastoral rural misionera de las diócesis extremeñas sobre la guerra en Irán

El papa Francisco, en diversas ocasiones, mencionó su doloroso convencimiento de que la humanidad se halla inmersa en una terrible III Guerra Mundial “a trozos”, cuyas consecuencias son imprevisibles. Probablemente no pudo intuir que esos trozos incluyeran todo el horror del genocidio en Gaza, la extensión de gobiernos autoritarios, y el reciente estallido en Irán, bombardeada, sin apoyo legal internacional, por Israel y Estados Unidos. Estos dos países han resucitado la tramposa apelación a unas armas de destrucción masiva, en esta ocasión señalando un supuesto armamento nuclear, denunciado desde hace muchos años, pero que, por suerte, no ha aflorado nunca. Con ello han desencadenado un proceso que se traduce, por ahora, en miles de muertos, un número mayor de heridos, más de un millón de desplazados, más y más países implicados y afectados, y unas consecuencias económicas que pueden dar paso a una oleada de recesión internacional, sin que pueda descartarse a medio plazo un incremento del terrorismo.

Estamos continuamente al borde de un abismo de crueldad y destrucción sin límites; la estupidez humana, los cálculos políticos y geoestratégicos egoístas y codiciosos, no son conscientes de la gravedad de los procesos desencadenados, que pueden llevarnos a un desenlace fatal y dramático, que algunos organismos y millones de personas tratan de evitar. La ONU aporta líneas de acción que humanicen el conflicto y bloqueen la ceguera militarista. Y el papa León XIV alza incansablemente la voz, marcando la paz desarmada y desarmarte como ruta que ha de llevar a la humanidad de regreso a la cordura, la cordialidad y la reconciliación: la consecución de la paz, de la justicia como máxima expresión de la búsqueda del bien común.

Realmente son decenas los conflictos que desangran las familias humanas, destruyen la casa común y restan ingentes recursos con los que podríamos dar la batalla decisiva al hambre, la crisis climática y otras lacras terribles, como epidemias o la falta de agua en muchos lugares.

Desde la Pastoral Rural Misionera de las diócesis extremeñas (Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia) apelamos a desarmar nuestros corazones y nuestro lenguaje. Tenemos que apoyar las iniciativas de paz que surgen a nivel internacional, las campañas de información y sensibilización de las Iglesias cristianas y de otras religiones, las ONGs y las plataformas ciudadanas. Invitamos a alzar nuestros corazones y nuestras manos al Padre que hizo una sola familia humana, que abraza al huérfano y a la viuda; a Jesús, nuestro hermano, que se dejó masacrar por romper los muros que separan las naciones; al Espíritu, que derrama la paz en los corazones.

Recordamos al mártir Óscar Romero, a punto de conmemorarse el XXVI aniversario de su martirio. Poco antes de ser asesinado dijo en una homilía unas palabras que hacemos nuestras en esta coyuntura internacional gravísima: “En el nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben al cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”.

Ahora el lamento no es de un pueblo, sino de miles de millones de personas, de toda la humanidad, amenazada en su supervivencia, que piden con angustia el fin de la guerra y la violencia desatada. Cese la guerra terrible de Irán, cesen todas las guerras, y que los pueblos de la tierra, en vez de planear un fracaso lleno de horror (Salmo 2), caminen libres, unidos y compartiendo los bienes que Dios da a todos los hombres.

Delegación de Pastoral Rural de Coria-Cáceres.

Delegación de Pastoral Rural de Plasencia.

Grupo diocesano de Pastoral Rural Misionera de Mérida-Badajoz.