Carta del obispo por el fallecimiento de nuestro hermano Pierre Auberlin

Carta del obispo por el fallecimiento de nuestro hermano Pierre Auberlin

HERMANOS EN LA VIDA, EN LA MUERTE Y EN LA RESURRECCIÓN

Queridos sacerdotes y queridos diocesanos: este martes de Pascua ha resultado un día difícil para nuestra Diócesis y nuestro presbiterio. Cuando, bien de mañana, iniciaba mi viaje a Badajoz recibía la noticia esperada del fallecimiento del sacerdote don Domingo Morales. El destino de mi viaje a Badajoz era el Hospital Universitario donde me esperaban los médicos y el capellán, junto a nuestro Vicario Eugenio, antes de desconectar al sacerdote camerunés, Pedro, en muerte cerebral desde el domingo por la tarde.

Pierre NNOMO AUBERLIN, era un sacerdote camerunés, de la diócesis de Obala, nacido el 9 de enero de 1973. Con su enorme humanidad aterriza en nuestra Diócesis el 14 de septiembre pasado para comenzar a trabajar este curso pastoralmente con nosotros. El Obispo le encargó la atención de las comunidades de Zurbarán, Guadalperales, Gargáliga y Palazuelos, de donde había salido un sacerdote muy querido. En pocos meses Pedro ha logrado ganarse el cariño de todas estas comunidades por su trabajo, su honradez y su bondad. Un niño grande que se ha ganado el afecto de todos en un tiempo record a juzgar por las muestras dadas estos días por las personas de aquellos nuestros pueblos.

El domingo de Pascua de Resurrección había celebrado la Eucaristía a las 11 en Guadalperales, a las 12 en Gargáliga y a las 13 horas, revestido con las vestiduras sagradas y en la puerta de la sacristía para salir a celebrar, siente cómo se le paraliza el brazo, se empieza a encontrar mal y pide avisar al médico. Se le traslada al Hospital de Don Benito y a primera hora de la tarde don Eugenio Albalate le administra la Santa Unción. Poco después, allí mismo le repite un derrame cerebral fortísimo que le deja en estado de coma. Se le traslada posteriormente a Badajoz, ya con diagnóstico de muerte cerebral. Al poco tiempo de salir nosotros de la UCI nos comunicaron su fallecimiento a las 12:30 del mediodía.

Muchos pensamientos han pasado por la mente y el corazón del Obispo: el primero es que cuando un sacerdote entrega a fondo perdido la vida a Dios y Él, en su infinita bondad, la acoge, lo hace con todas sus consecuencias, no es garantía de una vida larga. Él es el que decide el inicio de nuestra vida, como su origen y hacedor, y reconocemos también en Él nuestro destino último. Nos da la vida y nos la reclama. Don Domingo a punto de cumplir 90 años y Pedro con 48. Los dos han ido gastando su vida como nos exige nuestro ministerio.

Le damos gracias al Señor por su vocación, por su entrega, por su generosidad; sin esperar nada a cambio (Pedro no venía desde Camerún a estudiar, sólo a pasar 5 ó 6 años ayudando en nuestra Diócesis como misionero), sólo sirviendo y buscando cumplir la voluntad de Dios sobre su vida. Gracias por ser buenos pastores que se han esforzado por transparentar en su vida a Cristo y por el deseo de llevar a las personas a las que servían a Cristo y a su Iglesia.

La muerte de Pedro, traicionera, inesperada y cruel ha dejado tantas cosas buenas en las que no solemos fijarnos porque nos embarga lo fundamental, que es el dolor de su muerte y la dificultad de comunicar esta noticia a su Diócesis y a su familia. Ha sido impresionante el cuidado y la atención de los médicos de la UCI y los capellanes Javier Aguas y Antonio Cerro, cuya fraternidad me han conmovido: cómo han cuidado a Eugenio que ha podido estar en todo momento al lado de Pedro; el trabajo de los Vicarios, nunca suficientemente agradecido, en las diversas tareas de comunicación con su Diócesis y preparación de todo lo necesario para conducirle a su casa, comunicación a los sacerdotes diocesanos; el afecto grande mostrado por todas las personas de sus parroquias, donde se celebrará un funeral en fechas próximas.

Es momento de que, como Obispo diocesano, agradezca públicamente la presencia de tantos sacerdotes de fuera de nuestra Diócesis y su trabajo pastoral en ella; en estos momentos tenemos tres sacerdotes de Camerún conmovidos por esta noticia. Sin su presencia entre nosotros, nuestro trabajo se multiplicaría. Los convenios firmados con estas Diócesis hermanas son un bien enorme y es un intercambio de bienes sabio; ellos estudian entre nosotros, regresan con una buena preparación a sus Diócesis de origen y, al tiempo, comparten la tarea pastoral en la nuestra. Y, como vemos, al final somos hermanos en la vida y en la muerte y como tales debemos tratarnos.

Esto es lo que tantas veces han predicado tanto don Domingo, cuyo funeral he presidido hoy miércoles, como Pedro. Y esto es lo que nosotros proclamamos y celebramos: que la gran victoria sobre la muerte ya ha comenzado en Jesucristo resucitado; que, en Cristo resucitado, ha comenzado ya una nueva creación; que en Él somos criaturas nuevas; y que lo viejo, lo corruptible, lo mortal será transformado por Dios para que, un día, todos lleguemos a ser, en Cristo Jesús, plenamente hijos de Dios, con un cuerpo glorioso como el suyo, contemplando el Rostro del Padre y gozando para siempre de su Amor.

Como pedimos en la oración final de la misa de funeral: “te pedimos humildemente, Señor, que tu siervo Pedro, sacerdote, a quien hiciste en este mundo administrador de tus misterios, pueda gozarlos en su plenitud en la realidad de la gloria”. Sabemos que la mirada del Señor sobre nosotros está llena de misericordia y ternura, que nos reconocerá con generosidad nuestros pasos vividos, nuestros yerros y nuestros aciertos. Será el Señor quien acoja y premie con toda verdad lo que ha sido nuestra vida.

Lo que Pedro predicó desde el Evangelio del Señor, lo que curó y vendó con el bálsamo del perdón divino en la penitencia, lo que nutrió con el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, todo el mucho bien que supo hacer y el mal que logró perdonar, todo eso ahora se convierte en equipaje para el viaje más importante de su vida, cuando ha dejado ya la historia para iniciar la eternidad gozosa.

Agradezco a la Diócesis de Obala y a su Obispo la generosidad con nuestra Diócesis placentina. Pedimos al Señor que, habiendo ultimado don Pedro su combate y finalizada su carrera en esta vida, reciban la corona de gloria que el Señor, como juez justo, tiene reservada a los que lo aman (cf. 2Tm 4, 6-8). Con gran confianza ponemos nuestra mirada en Dios, nuestro Señor, esperando su misericordia. Que la Santísima Virgen María y los santos los acompañen ahora hasta la presencia del Altísimo.

Descansa en paz, querido Pedro. Que el Señor te haya abrazado y te bendiga.

 

 

 

 

Plasencia, 7 de abril de 2021

                                                             +José Luis Retana

                                                                                                                      Obispo de Plasencia

 

El Obispo presidirá la misa funeral por nuestro hermano Pierre mañana viernes día 9 en Zurbarán a las 19:00 horas.