‘Caer en la cuenta’, artículo de la sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia

‘Caer en la cuenta’, artículo de la sección Diálogos del último número de Iglesia en Plasencia

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Caer en la cuenta’ aparece publicado en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia en la sección Diálogos.

Caer en la cuenta

Hay un momento en la vida espiritual en el uno “cae en la cuenta”, como dice san Juan de la Cruz en su Cántico espiritual. Es una especie de certeza interior que hace ver la verdad con sencillez: la vida pasa rápido, el corazón, sus sentimientos y pasiones engañan y, sin embargo, Dios se va presentando como un verdadero amigo que no cambia, que sostiene, que espera. No juzga, es paciente y ama sin poner condiciones.

Dios es alguien que toma la iniciativa, que busca, que llama, que se esconde sólo para ser buscado con más verdad. La pregunta de la esposa: “¿Adónde te escondiste, Amado…?” debe resonar en cada oración. No como un lamento desesperado, sino como la expresión de un corazón que ha sido tocado y que ya no se conforma con menos que con Dios mismo.

Este “caer en la cuenta” puede transformar nuestro modo de orar. A veces ponemos mucho énfasis en lo que uno debe hacer: esfuerzos en estar perfecto, limpio, formación, estructuras, etc. Todo eso tiene su valor, pero, si no nace del amor, se queda corto, no es suficiente y, en definitiva, no vale para nada. La oración, así, deja de ser un ejercicio de rendimiento espiritual para convertirse en un espacio de disponibilidad. Menos esfuerzo y más apertura. Menos “hacer oración” y más estar en oración. Estar ante Él, simplemente, como quien se sabe esperado.

Porque la verdadera oración no empieza cuando yo hablo, sino cuando dejo que Dios me hable. No cuando yo intento alcanzar a Dios, sino cuando permito que él me alcance. Y, desde ahí, todo lo demás empieza a ordenarse: trabajo, estudio, servicio, incluso las preocupaciones cotidianas. No quiere decir que deje de costar y que se haga sin ningún esfuerzo. Se hace ya no sólo peleando sino en compañía, apoyado en una presencia que lo abarca todo. “Caer en la cuenta” nos enseña que la oración no es un deber pesado, sino una respuesta agradecida. No una obligación que cumplir, sino un encuentro que transformar. Y que, cuando uno se deja amar, porque se da cuenta de que ha sido primero amado, el corazón aprende a amar de verdad.