Boujemaa Anaou: «Cáritas es un icono de humanidad»

Boujemaa Anaou: «Cáritas es un icono de humanidad»

Hoy queremos conocer una historia con nombre y apellidos: Boujemaa Anaou, un hombre marroquí que un día decidió dejar su país y emprender un camino hacia España. Un camino que le ha llevado hasta Plasencia, donde actualmente está siendo acogido y acompañado por Cáritas Diocesana de Plasencia.

Detrás de las cifras, de las noticias y de los debates sobre inmigración, hay personas. Personas que tienen una familia, una historia, unos sueños y también muchas dificultades.

Boujemaa tiene 49 años. Llegó a España con 23 y durante todos estos años ha vivido diferentes etapas, incluida una larga situación de irregularidad administrativa. Hoy, gracias al acompañamiento de Cáritas, ha recuperado su residencia legal y afronta el futuro con nuevos proyectos.

Además, queremos conocer su mirada sobre lo que está ocurriendo en Ceuta, porque él conoce de primera mano la realidad de la que proceden muchos jóvenes que intentan llegar a España.

—Boujemaa, gracias por dejarnos entrar un poquito en tu vida. ¿Cómo era tu vida en Marruecos antes de venir a España? ¿Quién eras y qué hacías allí?

Mi vida en Marruecos era muy sencilla y llena de lucha. Era un joven ambicioso que intentaba buscar una oportunidad para construir su futuro. Pero, debido a la falta de empleo y a las difíciles condiciones económicas, era casi imposible lograr la estabilidad que deseaba.

—¿A qué te dedicabas?

Estudiaba y llegué hasta la universidad. Pero no veía muchas posibilidades para salir adelante, ni para mí ni para mi familia. Tengo hermanos mayores que han terminado la carrera y están allí sin nada. Por eso yo pensé en salir adelante.

—¿Por qué decidiste marcharte? ¿Qué buscabas cuando tomaste la decisión de venir a España, hace ya bastantes años?

Decidí marcharme porque las puertas estaban cerradas para mí y no veía un futuro. Cuando tomé la decisión buscaba seguridad, dignidad y una oportunidad laboral que me permitiera salir adelante por mí mismo y por mi familia.

—Cuéntanos cómo fue ese viaje que finalmente te trajo a España. ¿Cómo llegaste y cómo fue ese primer encuentro con España?

Mi viaje fue diferente. Vine a España legalmente desde el principio, con un contrato de trabajo, y obtuve mis papeles de residencia. Sin embargo, lamentablemente, debido a algunas leyes de extranjería complejas y a requisitos estrictos, no pude renovarlos y perdí mi residencia.

A partir de ahí me quedé en una situación irregular y comenzó una etapa muy dura de lucha y de enfrentarme a todo lo que iba a venir.

Desde 2017 hasta este año he estado en situación irregular. Ahora vuelvo a estar legalmente en España gracias a Cáritas.

—¿Cómo fue ese tiempo en situación irregular?

Fue una etapa muy dura en mi vida, de verdad. Encontrar trabajo era difícil. Conducir un coche, difícil. Viajar, difícil.

Por ejemplo, te vas de aquí a Madrid, hay un control, te paran y te preguntan: «¿Tienes papeles?». «No». «Vámonos al cuartel».

Tienes que identificarte con la huella y esperar un juicio rápido. A mí, estando sin papeles, me han parado cinco veces.

—Llegaste directamente a Murcia, ¿no? ¿Y después cuál ha sido el recorrido hasta llegar a Plasencia?

Sí. Antes de llegar a Plasencia estuve moviéndome por otros lugares, según las circunstancias laborales, buscando una salida legal después de perder mis papeles. Y terminé aquí.

—¿Cuánto tiempo llevas en Plasencia?

En Plasencia llevo casi cuatro años.

—Cuando llegaste a España, ¿cómo te imaginabas España? ¿Qué era lo que querías encontrar aquí?

Todo muy fácil. Pensábamos que el dinero estaba por todas partes.

—Eso es lo que creías, ¿no?

Sí, claro. Que el dinero estaba por todas partes. Tú llegas allí, vas a trabajar y, aunque no tengas idioma, ni cursos, ni diploma, piensas que vas a llegar y vas a trabajar.

—¿Y qué te encontraste?

Nada. Al revés.

Si no tienes papeles, ni contrato, ni idioma… Lo importante es cómo vas a comunicarte con los ciudadanos españoles. Si tú no sabes esas cosas, vas a encontrar intermediarios entre el empresario y el trabajador. Y el intermediario se aprovecha de esta situación.

—Durante todo este tiempo, ¿te has acordado de Dios?

Sí, sí. Soy musulmán y me acuerdo de mi Dios, pero no rezo.

Además, cuando estoy en una mala situación, quiero hacer una prueba. Voy a la mezquita. Aquí está la mezquita, pero la mezquita musulmana me ha rechazado.

Y voy a la Iglesia. La Iglesia, aquí, me ayudó.

Lo que me ha dado la Iglesia no me lo dieron casi mil musulmanes aquí, en Plasencia.

—¿Qué dejaste en Marruecos? ¿Qué es lo que más echas de menos de tu familia y de la vida allí?

En Marruecos me he dejado muchas cosas: la familia, la infancia…

Llegué aquí a España con 23 años y ahora tengo 49. Tengo más años aquí en España que en Marruecos, 26 años.

Marruecos es mi madre biológica y España es mi madre que me adopta, mi madre de acogida, de verdad. Tengo dos madres.

—Hay algo que también quieres destacar de España.

Sí. Quiero aprovechar para decir una cosa: la sanidad española es la mejor de Europa y de África.

Para mí, la sanidad española es la mejor. Incluso mejor que la que hay en Francia o en Alemania. ¿Por qué lo digo? Porque he estado en esos países de visita y he encontrado a inmigrantes marroquíes que viven allí, en Francia, Italia y Alemania, y hablan de la sanidad española. Para ellos también es una de las mejores sanidades de Europa.

—Boujemaa, ahora quiero preguntarte por la actualidad. Tú eres marroquí y conoces esa realidad. ¿Qué piensas cuando ves lo que está ocurriendo en Ceuta y a tantos jóvenes intentando llegar a España? ¿Te ves reflejado en ellos?

Sí. Me desgarra el corazón. Lo veo de una manera muy crítica. Yo también busqué un futuro mejor.

Sin embargo, analizando el trasfondo de la situación, creo firmemente que Marruecos tiene gran parte de la responsabilidad. Para mí, el Gobierno de Marruecos tiene responsabilidad en este problema.

No es justo que un país no sea capaz de ofrecer oportunidades, educación y un futuro a su propia juventud.

—¿Cómo es tu vida ahora en Cáritas?

Cáritas, para mí, es un salvavidas. Sí, es un salvavidas. Es un milagro.

Para mí, Cáritas no es solo una organización. Es un icono de humanidad, estabilidad, dignidad y seguridad.

Cuando casi toda la gente me rechazaba, Cáritas me abrió la mano, me agarró de la mano y me abrió la puerta.

—¿Cómo es tu día a día aquí, en el CRR de Cáritas?

Aquí no te dejan llevar una rutina. Cada día te ponen una cosa nueva.

Por ejemplo, hay muchos cursos de jardinería, mucha formación. Te mandan a aprender español, a hacer un curso de electricidad, un curso de albañilería y hasta a sacarte el carnet de conducir.

Mira, llegan aquí inmigrantes de África que no saben ni decir la palabra «hola». Y ahora están aquí hablando español perfectamente y directamente, sin traductor.

—Para terminar, cuando saliste de Marruecos tenías un sueño. Después de todo lo que has vivido, de estos veintitantos años en España, ¿cuál es tu sueño ahora y qué esperas de tu futuro en España?

Me gusta mucho esa pregunta.

Cuando salí de Marruecos, mi sueño era el de cualquier inmigrante: encontrar seguridad y una oportunidad para salir adelante.

Hoy, tras todo lo que he vivido, mi realidad y mi sueño han evolucionado, en gran parte gracias a Cáritas. Esto es muy importante.

Cáritas Diocesana de Plasencia no solo me acogió, sino que me mostró confianza. Me ayudaron y me dieron un contrato de trabajo. Gracias a ellos conseguí mi documentación de residencia.

Ahora estoy regularizado, estoy legal.

Antes tomaba muchas pastillas para dormir, pero hoy duermo tranquilo y muy bien.

Como soy marroquí de etnia bereber, mi identidad sigue muy viva en mí. Por eso, parte de mi sueño de futuro aquí en España es fundar una asociación amazigh española, con españoles y amazigh de Marruecos que están aquí en España.

Mi objetivo con este proyecto será trabajar desde aquí para defender y visibilizar los derechos del pueblo amazigh en Marruecos, promoviendo nuestra rica cultura y nuestros valores.

En mi futuro en España espero consolidar mi estabilidad y tener la fuerza necesaria para hacer realidad este proyecto social. Quiero demostrar que el apoyo y la oportunidad que Cáritas me brindó valieron la pena y que puedo convertirme en un motor de cambio positivo.

No voy a olvidarme de mi etnia en Marruecos.

—Para terminar, quieres aprovechar este espacio para dirigirte a Cáritas.

Sí. Quiero aprovechar este espacio para expresar mi profundo y sincero agradecimiento a Cáritas y, de manera muy especial, a todos los responsables y al equipo de Plasencia.

Admiro enormemente su labor y la ayuda que Cáritas brinda a muchísimas personas, sin importar su país, su origen, su etnia o su religión.

Su apoyo y la oportunidad laboral que me brindasteis me devolvieron la dignidad y la esperanza.

Asimismo, quiero cerrar con un mensaje directo a todos los jóvenes inmigrantes que piensan en dar este paso, sean de Marruecos, subsaharianos o de donde sean.

No arriesguéis vuestra vida. Lo repito: no arriesguéis vuestra vida sin un contrato de trabajo.

El camino irregular es durísimo.

Reclamad y protestad a vuestro propio país para que os garantice puestos de trabajo y un futuro digno. Porque Europa no es el dios del mundo ni la solución mágica a todos los problemas.