Actitudes del catequista: Preparado (sección Catequesis de la revista Iglesia en Plasencia)

Actitudes del catequista: Preparado (sección Catequesis de la revista Iglesia en Plasencia)

A continuación les ofrecemos el último artículo que, bajo el título ‘Actitudes del catequista: Preparado’, salía publicado en la sección Catequesis del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia, a cargo de don Ismael Pastor González, delegado diocesano de Catequesis y Catecumenado de Adultos.

Actitudes del catequista: Preparado

En la catequesis convergen múltiples elementos: el contenido de la fe que se debe transmitir, la Palabra de Dios que debe iluminar a la misma, la pedagogía apropiada al destinatario, la libertad de los mismos destinatarios, el clima de oración, el testimonio del propio catequista entre otros. Cuanto más visibles sean estos más se enriquecerá la catequesis. Sin embargo, es preciso recordar que todos ellos son una valiosa ayuda para que la catequesis alcance su verdadera finalidad: el contacto y la comunión con el mismo Jesucristo (Cf. CT 5).

Para que este contacto sea real, es preciso que la catequesis no sea una simple transmisión de conceptos, sino que debe llegar a implicar por completo al destinatario. Sin embargo, nuestras catequesis tienden a quedarse en lo primero. Queremos que los niños y jóvenes reciban instantáneamente conceptos que nosotros llevamos años asimilando. Así damos respuestas a quien no se hace preguntas y el trabajo acaba con frecuencia infecundo. Uno de los grandes desafíos de la catequesis hoy es el de provocar que el destinatario se pregunte por la fe. Esto se reviste de una dificultad añadida en el día de hoy, pues el hombre de hoy no es propenso a hacerse preguntas, se contenta con la verdad inmediata y práctica que le soluciona el momento presente. Para el catequista es fundamental saber responder a las preguntas fundamentales del hombre y suscitar aún aquellas que el hombre de hoy no se plantea, para que pueda conocer su propia identidad y la vocación a la que ha sido llamado, y así encuentre la felicidad que ansía y para la que ha sido creado por Dios.

Provocar la pregunta personal por Cristo y poner en comunión con Él no se puede improvisar. Requiere la preparación, formación y espiritualidad personal del catequista que debe ser especialista en su encuentro personal con Cristo.