25 Sep ‘Volvemos a latir juntos’, artículo de la sección Diálogos de la revista Iglesia en Plasencia
A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Volvemos a latir juntos‘, sale publicado en la sección Diálogos del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.
Volvemos a latir juntos
Septiembre tiene una manera muy particular de entrar arrasando en nuestras vidas. De pronto, regresan los horarios, las reuniones, las actividades, los planes… La agenda vuelve a llenarse y también la diócesis comienza un nuevo curso.
Pero quizá convenga mirar septiembre desde otro lugar.
Porque una diócesis no es un calendario lleno de actividades. Es una historia hecha de rostros y de evangelio que quiere seguir siendo vida.
Por eso, quizá la pregunta no es cuántas cosas haremos este año, sino a cuántas personas alcanzará nuestro corazón. Habrá encuentros, formaciones, celebraciones, catequesis, proyectos, grupos, oración… Pero todo esto debe conducirnos al mismo lugar: a la vida de las personas.
Jesús nunca llamó a nadie para llenar una agenda, los llamó para llenarse de evangelio. Y eso conlleva el valor de mirar a los ojos a quien sufre en soledad a nuestro lado, de sostener la mano de quien ha perdido la esperanza, de escuchar sin juzgar y de dejarnos conmover por la fragilidad ajena
Por eso este inicio de curso no nos pide más actividades sino más presencia.
Este curso tenemos una nueva oportunidad de vivir una Iglesia más cercana, que sepa celebrar con quien celebra, llorar con quien llora y sentarse al lado de quien ya no tiene fuerzas ni para explicar lo que le pasa.
Quizá este septiembre Dios no nos esté llamando a hacer más. Quizá nos esté llamando a ser más, a estar más. Más presentes. Más atentos. Más humanos.
Porque el curso terminará. Las agendas se vaciarán. Las reuniones pasarán. Pero quedará una pregunta mucho más seria que cualquier evaluación: ¿a quién le cambió la vida, aunque fuera un poco, porque yo decidí estar ahí?
Que septiembre no sea simplemente el mes en que volvemos a empezar, sino aquel en que cada uno de nosotros sigue siendo signo y portador del amor de Dios para todos sin excepción, con nuestra presencia, nuestra oración y nuestro servicio.
Entonces sí podremos decir que ha comenzado el curso.
Y que la diócesis vuelve a latir.