‘Actitudes del catequista: orante’, artículo de la sección de Catequesis de Iglesia en Plasencia

‘Actitudes del catequista: orante’, artículo de la sección de Catequesis de Iglesia en Plasencia

De palabras de don Ismael Pastor González, delegado de Catequesis y Catecumenado de Adultos de nuestra Diócesis, les ofrecemos el último artículo publicado en la sección Catequesis de Iglesia en Plasencia.

Actitudes del catequista: orante

Con frecuencia nos preguntamos ¿cuándo y cómo debemos orar en la catequesis? Y podemos responder que la oración surge en la catequesis en muchos momentos y de diversas formas. Unas veces surge de la propia experiencia humana del catequista. Otras, es respuesta a la Palabra de Dios.

A veces surge como una necesidad de súplica, de alabanza y de acción de gracias, por la mirada a la creación salida de las manos de Dios o de la vida de las personas. En todo caso, más importante que cómo o cuándo rezar, es la certeza de la necesidad de la oración en la vida del cristiano. El encuentro personal con Dios no es algo que podamos programar, Dios actúa cuando y como quiere. Por ello el catequista estar atento a esta acción y favorecer la oración del catequizando. Pero solo podrá hacerlo de forma eficaz cuando su vida está impregnada por la misma oración en la que quiere iniciar.

Con estas palabras lo desarrollaba el Directorio General para la Catequesis (1997): “La comunión con Jesucristo lleva a los discípulos a asumir el carácter orante y contemplativo que tuvo el maestro. Aprender a orar con Jesús es orar con los mismos sentimientos con que se dirigía al Padre: adoración, alabanza, acción de gracias, confianza filial, súplica, admiración por su gloria. Estos sentimientos quedan reflejados en el Padre Nuestro, la oración que Jesús enseñó a sus discípulos y que es modelo de toda oración cristiana.

La entrega del Padre Nuestro, resumen de todo el Evangelio, es, por ello, verdadera expresión de la realización de esta tarea. Cuando la catequesis está penetrada por un clima de oración, el aprendizaje de la vida cristiana cobra toda su profundidad. Este clima se hace particularmente necesario cuando los catecúmenos y los catequizandos se enfrentan a los aspectos más exigentes del Evangelio y se sienten débiles, o cuando descubren, maravillados, la acción de Dios en sus vidas” (DGC 85).