14 Jun ‘Los primeros cristianos hispanos’ en la sección Historia del número 648 de Iglesia en Plasencia
A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título Los primeros cristianos hispanos, sale publicado en el número 648 de la revista diocesana Iglesia en Plasencia, dentro de la sección Historia y a cargo de don Juan Antonio Corrales.
Los primeros cristianos hispanos
Según la tradición dos de los apóstoles habrían llegado hasta la entonces Hispania romana, Santiago y Pablo. Su llegada se produciría por vía marítima de ahí que las ciudades con los dos puertos más importantes de la época, Tarragona y Cartagena, se disputen tal privilegio y el título de sedes primadas.
Poco más podemos decir de la tradición que ha llegado hasta nosotros, pero si podemos descubrir a través los restos arqueológicos y algún documento de la época, como se fue implantando el cristianismo en nuestra tierra.
La zona de Extremadura, en aquellos momentos parte de la Lusitania romana, no era un lugar aislado del oeste del Imperio, todo lo contrario, las excelentes vías de comunicación propiciaban no sólo los desplazamientos de las personas y mercancías, sino también de las ideas. Una de estas vías fue la Vía de la Plata, que unía la entonces Hispalis, hoy Sevilla; con Asturica Augusta, la actual Astorga.
Uno de los puntos estratégicos de dicha calzada era la ciudad de Emérita Augusta, la actual Mérida, importante nudo de comunicaciones del que partían una serie de calzadas secundarias que la comunicaban con el resto de la Península. Esta característica propiciaba que a la ciudad llegasen personas de toda Hispania, sino también de todo el imperio. Por lo que sin duda alguna, la Vía de la Plata, fue uno de los cauces para la llegada del cristianismo, que desde el sur peninsular y proveniente del Norte de África, donde el cristianismo echó raíces muy pronto, y contaba con sedes importantes como Alejandría o Cartago, se fue extendiendo por toda la Península.
Muchos historiadores coinciden en que este sería el origen del cristianismo hispano. Procedente del Norte de África, cruzó el Estrecho y a través de las calzadas romanas, en nuestro caso la Vía de la Plata; comerciantes, soldados o simples viajeros trajeron con ellos la nueva fe y fueron los encargados de transmitir el mensaje evangélico a sus contemporáneos; que poco a poco van abrazando el cristianismo y creando comunidades estables en las ciudades importantes, de donde se iría extendiendo al resto del territorio.
A mediados del siglo I en la ciudad de Roma ya había cristianos, igual que en las ciudades importantes del norte de África; con toda probabilidad no mucho tiempo después habría llegado a la Hispania romana y a la provincia Lusitana cuya capital era la ciudad de Mérida. No podemos establecer con exactitud una fecha concreta, pero los hechos posteriores nos indican que el cristianismo llegaría a nuestra tierra en época muy temprana. Tertuliano (160-220 d.c.) hacia el año 200, afirma que el cristianismo habría llegado a todos los lugares del Imperio, entre ellos cita textualmente Hispania.
Hasta nuestros días ha llegado una carta de San Cipriano (200-258 d.c.), obispo de Cartago, fechada en el año 254, donde responde a una misiva anterior en la que las comunidades de Mérida, Astorga y León, le plantean que hacer con los obispos que habían cometido apostasía durante la persecución del emperador Decio. La existencia de dicha carta además de mostrar la dependencia del cristianismo hispano de la sede del norte de áfrica y su origen en la misma; pone de manifiesto la existencia de comunidades cristianas perfectamente organizadas en dichas ciudades, ya que se cita la figura del obispo, lo que denota la existencia de una jerarquía. Esta organización llevaba tiempo, por lo que las comunidades existentes en dichas ciudades serían mucho más antiguas que la fecha en la que se redacta la carta; lo que sitúa el origen de nuestro cristianismo en los primeros momentos de la Evangelización.