‘Donde te necesitan, pero no te quieren…’ (sección Diálogos) de la revista Iglesia en Plasencia

‘Donde te necesitan, pero no te quieren…’ (sección Diálogos) de la revista Iglesia en Plasencia

A continuación reproducimos el artículo publicado en la sección Diálogos en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

Donde te necesitan, pero no te quieren…

Hace unos días, hojeando el Periódico Extremadura me topé con un artículo que me hizo detener el paso insustancial de las hojas mientras tomaba café. El titular me impactó de lleno nada más verlo: “nunca te quedes donde te necesitan, pero no te quieren” rezaba.

Esa frase, leída así en frío, me resonaba mucho aquel lunes tras una celebración del domingo en la que sentí, una vez más, que sobraba en mi parroquia. Y aquella bofetada de realidad resonaba aún más al descubrir que la escribía Antonio Pariente, un buen párroco de la diócesis hermana de Coria-Cáceres ¡La Providencia y sus cosas, pensé!

Durante toda la semana he rumiado esa frase. Porque en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia es cada vez más habitual que utilicemos a las personas que nos resuelven la papeleta, aunque no sintamos simpatías o afecto alguno hacia ellas. Unas veces de manera velada y otras veces evidenciándolo públicamente.

¿Cuántas veces vivimos esto en nuestras carnes o hacemos que otras personas lo vivan en nuestros grupos y parroquias? ¿Cuántas veces nos quedamos a pesar de saber que nos utilizan, o utilizamos nosotros a personas a las que realmente no queremos? Y lo más grave: ¿cuántas veces nos detenemos a escuchar estos sentimientos en nosotros y a discernir y decidir si quedarnos o marcharnos de aquellos lugares donde sentimos que no nos quieren?

Está claro que nos hace falta, como decía Pariente, más roce físico, más contacto cercano, más comunicación cara a cara, más kilómetros para vernos, más preguntarnos por qué no están los que faltan que conformarnos con los que están siempre. Y menos Whatsapp, menos emails, menos Instagram, menos reuniones telemáticas… Para utilizarnos menos y querernos más. Para juzgarnos menos y comprendernos más. Para imponer menos y discernir más juntos. Para ser más hermanos y hacer menos el “primo”.

Estos días hemos celebrado con intensidad la venida del Espíritu, que lo transforma todo. Ojalá nos transforme y sus frutos, que son la alegría, la paz, la bondad, la paciencia, la amabilidad, la lealtad y el dominio de nosotros mismos (Gálatas 5, 22-23) se manifiesten en nuestra vida y en nuestro trato hacia las personas.