Iglesia en Plasencia, sección Catequesis: «Actitudes del catequista: Educador»

Iglesia en Plasencia, sección Catequesis: «Actitudes del catequista: Educador»

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Actitudes del catequista: Educador’, sale publicado en la sección Catequesis del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia. Es obra de don Ismael Pastor González, delegado episcopal de Catequesis y Catecumanado de Adultos.

Actitudes del catequista: Educador

“El catequista es un cristiano que recibe la llamada particular de Dios que, acogida en la fe, le capacita para el servicio de la transmisión de la fe y para la tarea de iniciar en la vida cristiana” (DC 112). De acuerdo a esta definición del Directorio para la Catequesis el catequista se convierte en educador. Pero no uno cualquiera, sino un educador en la fe. Y esto debe hacerle recordar y prepararse especialmente para ser (cf. DC 113):

  • Testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios. Al experimentar la bondad y la verdad del Evangelio en su encuentro con la persona de Jesús, el catequista custodia, alimenta y da testimonio de la vida nueva que de él deriva y se convierte en un signo para los demás. Custodiar esta memoria, despertarla en los demás y ponerla al servicio del anuncio, especialmente con su propio testimonio, es la vocación específica del catequista.

  • Maestro y mistagogo que introduce en el misterio de Dios, revelado en la Pascua de Cristo. El catequista tiene la doble tarea de transmitir el contenido de la fe y de conducir al misterio de la misma. Está llamado a abrir a la verdad sobre el hombre y sobre su vocación última, comunicando el conocimiento de Cristo; y, al mismo tiempo, introducir en las diversas dimensiones de la vida cristiana, desvelando los misterios de la salvación contenidos en el depósito de la fe y actualizados en la liturgia de la Iglesia;

  • Acompañante y educador de quienes le han sido confiados por la Iglesia. El catequista es un experto en el arte del acompañamiento, tiene competencias educativas, sabe escuchar y guiar en el dinamismo de la maduración humana, se hace compañero de viaje con paciencia y con sentido de la gradualidad; dócil a la acción del Espíritu, ayuda a sus hermanos a madurar en la vida cristiana y a caminar hacia Dios.