23 Abr Lábaro (sección Editorial del último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia)
A continuación les ofrecemos el Editorial que, bajo el título Lábaro, sale publicado en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.
Lábaro
Lábaro es el estandarte que usaban los romanos, para identificar sus ejércitos. Es el nombre técnico de ese estandarte con bandera que porta Jesús en las representaciones pictóricas o escultóricas que se hacen de la resurrección. Porta en su mano izquierda un estandarte con una bandera, mientras alza la derecha en señal de victoria.
Árbol de la vida que representa la victoria sobre el árbol de la muerte que es la cruz. Es símbolo de la Resurrección y del triunfo de Dios. Puede ser sólo blanco o puede incluir el monograma formado por la cruz y las dos primeras letras del nombre griego de Cristo, ya que, según la tradición, esa fue la visión de Constantino para su conversión y desde entonces se incluyó en el lábaro del Emperador.
Bandera victoriosa en las manos de Jesús que muestra como al salir del sepulcro derrota al mal. Significa que ha logrado la salvación y la vida eterna. Está relacionado con la batalla entre el bien y el mal, la victoria del reino de la luz sobre el reino de las tinieblas, la muerte y la debilidad del hombre han sido vencidos por la fuerza de Dios.
Ante la victoria del Resucitado se pide a sus seguidores que se dejen colmar por la alegría que esto supone, ser testigos de una nueva vida que se basa en la confianza en la fuerza de Dios que superan la fragilidad y temporalidad del ser humano. Sabiendo que los valores evangélicos han triunfado sobre ideales inmediatos y materiales.
Reconociendo que la victoria de Jesucristo posibilita triunfar sobre del mal y la caducidad a quien desde la fe acoge ese don, quien vive conforme a las enseñanzas de quien fue crucificado, pero ahora vive. Una existencia que refleje que en la cruz de Jesús el mal, el sufrimiento y la muerte han sido derrotados por el Amor de Dios.
Orgullosos de participar por la fe de la vida nueva que el crucificado nos ha alcanzado. Empeño en reflejar los valores eternos que han triunfado y vencer en sí mimo lo que ha sido derrotado. Ser testigos de la resurrección, portar bien en el alto, mediante un comportamiento acorde con el Evangelio, la bandera de la victoria de Cristo, el lábaro.