22 Abr Iglesia en Plasencia número 645: ‘Consagración’ (publicado en la sección Liturgia)
A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘Consagración‘, sale publicado en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia, a cargo de don Miguel Ángel Ventanas Franco, delegado diocesano de Liturgia y Animación a la Oración.
Consagración
Consagrar viene de “consecrare”, que significa hacer sagrado o destinar a un uso sagrado tanto el tiempo (El Domingo, la Liturgia de las Horas), como una cosa, una persona o un edificio.
La “consagración” en la Misa hace referencia al momento central de la Plegaria Eucarística en que el pan y el vino, por las palabras de Cristo pronunciadas por el sacerdote y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas (CIC 1377) La Iglesia se mantiene fiel al mandato del Señor en la última cena, y continúa celebrando este misterio, en memoria de Jesucristo, hasta su retorno glorioso (CIC 1333, IGMR,79).
Por la consagración del pan y del vino se da la conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo de Cristo y toda la sustancia del vino en su Sangre. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (CIC 1413). A esta transformación la Iglesia la llama transubstanciación, por lo que propiamente diríamos que por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Se consagran también las personas: Todos los bautizados son consagrados a Cristo. Los que han abrazado la “vida consagrada” en el orden de las vírgenes o como religiosos consagran a Dios su vida entera. Se ordenan o consagran los obispos y los presbíteros al servicio de la Iglesia.
Se consagran o “Dedican” así mismo, como el Templo de Salomón, los altares, las catedrales y las iglesias; reservándose así al culto cristiano.