Iglesia en Plasencia: ‘El desierto urbano’, en la sección Diálogos de la revista diocesana

Iglesia en Plasencia: ‘El desierto urbano’, en la sección Diálogos de la revista diocesana

A continuación les ofrecemos el artículo que, bajo el título ‘El desierto urbano’, ha sido publicado en la sección Diálogos en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia.

El desierto urbano

La Cuaresma nos invita al desierto. Desierto entendido como aquel lugar que nos saca de lo de siempre y los de siempre. Salir, en definitiva, de la manga del churrero: más de lo mismo.

Mi desierto inesperado ha sido un viaje de trabajo a otra ciudad el primer viernes de Cuaresma. Mientras la recorría observando con atención, meditaba el vía crucis, trayendo al corazón las estaciones que iba experimentando en esta Jerusalén del siglo XXI, en medio de este desierto urbano:

Jesús condenado a muerte en los que sufren el acoso y la condena de las redes sociales, a causa de nuestro juicio implacable. Jesús que carga con la cruz de aquellos que soportan la precariedad laboral y que son trabajadores pobres, que padecen para que la familia llegue a fin de mes. Jesús caído, durmiendo en nuestros bancos y cajeros. Jesús que encuentra a su madre velando junto a la cama del hijo en el hospital. La ayuda del cirineo en cada una de las personas voluntarias de nuestras entidades y ONGs. La Verónica que enjuga el rostro de Jesús en cada cuidador de nuestros mayores. Jesús caído de nuevo en los hermanos atrapados en las adicciones. Jesús consolando a aquellos que sufren el duelo de la pérdida. Jesús caído en aquellas personas que experimentan la soledad no elegida en medio de la ciudad masificada. Jesús despojado de todo en aquellas personas a las que despojamos de oportunidades y de su dignidad personal. Jesús clavado en la cruz de la enfermedad crónica o incurable, de la exclusión, de… Jesús muerto, entregando la vida por amor en tantas personas que se siguen entregando cada día para hacer mucho bien. Jesús bajado de la cruz en tantos que son asistidos por equipos de emergencias y ambulancias. Jesús sepultado en aquellas personas que sienten su vida encerrada en el sepulcro del fracaso, el paro o la ruina personal o social.

Y tras el desierto, ¿qué nos queda? Comenzar nuestra vida pública: anunciar a todos estos “cristos” que hoy cargan con su cruz que hay Esperanza. Que Jesús vino a darles más y mejor vida. Que les espera la Resurrección, que es vida abundante junto al Padre que nos ama.