02 Feb La fiesta de la Candelaria en Candelario recuperando las palabras de don Paco Rico en 2000
La Iglesia celebra este lunes la Festividad de Las Candelas, coincidiendo con la Presentación del Señor, una fiesta que, por mor del calendario, ya ha sido celebrada en muchas parroquias el pasado fin de semana. Cuarenta días después de la Navidad, se celebra la Presentación del Señor. Se conmemora también la Purificación de la Virgen. En Monroy se celebran las famosas ‘Purificás’. Se celebra en muchos lugares de la diócesis: Fresnedoso de Ibor, Jaricejo, Deleitosa, Guijo de Santa Bárbara, Guareña, Miajadas, Puebla de Alcollarín, Cuacos de Yuste, Garganta de la Olla, Torremenga, Jerte y otros lugares. Pero si hay un lugar donde la celebración es especial pues lo lleva en su nombre, es en la localidad diocesana de Candelario, del Arciprestazgo de Béjar y Fuentes de Béjar.
Aurora González, delegada de Pastoral Juvenil, hija del pueblo, nos cuenta que «Allí, la fiesta de la Candelaria comienza después de reyes cuando las mayordomas de la Virgen con cuaderno y boli en mano, van casa por casa, escribiendo los nombres de las personas que allí viven para la rifa de la rosca de la Candelaria al terminar la misa de la fiesta.
El día de la fiesta, a las 12 de la mañana, todo el pueblo se congrega en torno a la Iglesia para ver salir a la Virgen, en cuyo regazo lleva al niño. Una vela encendida en su mano marcará buen o mal año de nieve y castañas. Si esta, tras la procesión, entra a la Iglesia encendida, es buen año de nieve y castañas; si entra apagada, no habrá castañas ni mucha nieve.
En la procesión, delante de la Virgen van las madres con sus hijos nacidos en el último año para presentarlos en el ofertorio de la misa. Lo más bonito y curioso de esta fiesta es ver cómo la Virgen es llevada en el ofertorio hasta el
altar y el sacerdote coge al niño del regazo de la Virgen, para quedarse en el altar. Tras este momento, las madres con su vela encendida presentan sus hijos a la Virgen. Al finalizar la misa en la puerta de la Iglesia todo el mundo espera para ver qué nombre sale. Una mano inocente sacará el nombre de la persona que se lleva la rosca de la Candelaria».
Pero si hay alguien autorizado en la localidad es don Paco Rico que atesora una larga trayectoria pastoral. Nacido en Candelario en 1942, ha sido párroco de Navaconcejo, de San Juan de Béjar, Administrador parroquial de Candelario, Profesor del Seminario, Profesor de Derecho matrimonial canónico, Párroco de Santa maría y su filial San Nicolás de Plasencia, Vicario General, Arcipreste de Cabezuela y de Béjar, Capellán de las Hijas de María Auxiliadora, Capellán del hospital de Béjar, Juez diocesano, Canónigo doctoral de la catedral, vicario judicial, Coordinador de la comisión canónica del Sínodo Diocesano, Administrador Diocesano, confesor de las hermanitas de los pobres de Plasencia y Director de la Casa Sacerdotal.
Hace más de 25 años, concretamente en febrero del 2000, se hacía eco de la tradición en la Hoja Parroquial de Candelario:
La Virgen de la Candelaria
El día 2 de febrero, fiesta de La Candelaria, tiene en mi pueblo unos gestos y unos ritos inconfundibles. Así, el roscón y el recorrer las casas confeccionando las listas con nombre y apellidos, todos al cántaro y a esperar la papeleta agraciada con la rifa. O la puja a la puerta de la iglesia; o la vela que año sí, año no, aguanta encendida hasta el final de la procesión.
Había, O hay, también otro rito propio de la fiesta. La víspera se va a arreglar a la Virgen. Me diréis esto se hace con todas las imágenes que salen en procesión. Pero arreglar a la Candelaria tiene su peculiaridad. La imagen del niño, que María sostiene en sus manos, se quita , se separa de la imagen de la madre. No; no he empleado los verbos adecuados. Quizás tenga que decir, más bien, que ella da, entrega a su hijo querido.
Recuerdo haber ido de pequeño a arreglar a la Virgen con las mayordomas. Me sentaba en un reclinatorio y me dejaban tener al Niño en mis manos, ¡qué suerte! Le contemplaba curioso, porque podía verle de cerca, allí mismo, salido de la más alta hornacina; es más, incluso fuera del regazo de su madre. Contento, porque no todos eran distinguidos con esta posibilidad. Asustado por las recomendaciones de los mayores: ¡no te le dejes caer que puede romperse!
No sé si la Virgen echaba de vez en cuando una mirada vigilando el trato que yo le daba a su Hijo. Yo si la miraba a ella e intuía lo que más tarde comprendí, que era un símbolo de mi vida sacerdotal: María pone en mis manos a Jesús, para que yo, como ella, lo lleve a mis hermanos. Ahora no es una imagen: es su Hijo vivo y resucitado en la Eucaristía; es su Hijo luz en su palabra iluminadora; es su Hijo Perdón en la Penitencia; es su Hijo Fortaleza en la Unción de Enfermos; es su Hijo fidelidad en el sacramento del Matrimonio; es su Hijo. -¡Qué suerte, Virgen de la Candelaria!
En el ofertorio se acerca la Virgen hasta el altar. El sacerdote recibe la imagen del Niño y lo pone sobre la mesa. El anciano Simeón anunció a María una espada de dolor hiriendo su corazón. Esa espada se hace presente en su vida en muchas ocasiones, aunque ninguna tan fuerte y cruel, como la vivida en el calvario.
La muerte de su Hijo crucificado es el más espantoso dolor. Allí está María, de pie, junto a la cruz de Jesús.
Dos actitudes fundamentales para la vida sacerdotal. Una, vivir la vida como ofrenda al Padre, entregada por amor; la otra, estar de pie, es decir, aceptando, no rindiéndose ante las dificultades y sufrimientos de esta vida. En el ofertorio de la misa del día 2 de febrero en Candelario, se hace visible la ofrenda del hijo y la actitud de amor de la madre.
¡Gracias, Virgen de la Candelaria!
Francisco Rico Bayo
Sacerdote
(Hoja Parroquial de Candelario, febrero de 2000)




