04 Ene David Calderón: «El Jubileo es un medio privilegiado para renovar nuestra vida cristiana cotidiana»
El último domingo del 2025 se celebraba la clausura del Año Jubilar. Don David Calderón Carmona, Vicario de Pastoral, nos cuenta los pormenores y hace balance del periodo de Gracia desde su prisma de Delegado del Jubileo en una entrevista publicada en la revista diocesana Iglesia en Plasencia.
«El Jubileo es un medio privilegiado para renovar nuestra vida cristiana cotidiana”
A pocos días de la clausura diocesana del Año Jubilar, que tendrá lugar el próximo domingo 28 de diciembre, compartimos el balance que hace su delegado, don David Calderón.
En primer lugar, ¿cuál es el balance definitivo?
– El tiempo pasa con rapidez. Parece que fue ayer cuando comenzábamos a preparar este Año Jubilar y hoy nos encontramos ya a las puertas de su conclusión. El lema jubilar, «Peregrinos de esperanza», ha sido una invitación clara y sugerente que ha animado a numerosos fieles a participar en los actos y celebraciones programados. Este tiempo de gracia ha sido un verdadero regalo de la Iglesia: una experiencia singular de misericordia infinita y de perdón pleno, que nos permite recomenzar y abrirnos a una vida nueva.
La bula de convocatoria del Jubileo ofrecía una lúcida radiografía del mundo actual y ponía de manifiesto el desánimo y el desaliento que marcan la vida de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Ante esta realidad, la llamada a recuperar la esperanza y a ponerla en Aquel que no defrauda —Cristo, el Señor— ha resonado con fuerza tanto en la Iglesia universal como en nuestra Iglesia diocesana de Plasencia.
A lo largo de este año, numerosos arciprestazgos y parroquias han peregrinado a la Santa Iglesia Catedral, único templo jubilar diocesano, para lucrar la indulgencia plenaria. Asimismo, se han celebrado jubileos particulares en diversos ámbitos: residencias de mayores, grupos diocesanos y colectivos específicos como enfermos, trabajadores, docentes, pobres y migrantes. De manera especial, merece ser recordado el jubileo de los abuelos y los nietos, vivido con gran cercanía y emoción.
Junto a estas celebraciones, se han desarrollado diversas iniciativas pastorales que han enriquecido este Año de la Esperanza: el ciclo de meditaciones bíblicas sobre la Historia de la Salvación, a cargo de D. Jacinto Núñez Regodón, retransmitido a través de las redes sociales diocesanas; la exposición dedicada al Concilio de Nicea, titulada «Homoousios», con motivo del 1700 aniversario de su celebración; el toque simultáneo de las campanas de todos los templos diocesanos el 25 de marzo, solemnidad de la Encarnación del Señor; el Concierto-Meditación celebrado en la S. I. Catedral; y el rezo del Santo Rosario a finales de octubre, que unió a toda la diócesis en torno a las grandes devociones marianas.
Especial relieve han tenido también las peregrinaciones a Roma, presididas por nuestro obispo: las diocesanas de marzo y noviembre, la de los sacerdotes en el mes de junio y la de los jóvenes en agosto.
Todo ello ha sido posible gracias a la generosa colaboración de sacerdotes y laicos que, movidos por su amor a la Iglesia, han promovido y animado a vivir, personal y comunitariamente, este tiempo jubilar como una auténtica experiencia de conversión y reconciliación.Principales frutos
– Es cierto que, en ocasiones, puede surgir la impresión de que estos grandes acontecimientos quedan reducidos a momentos puntuales. Sin embargo, la experiencia vivida durante este Año Jubilar permite afirmar lo contrario.
He podido constatar personalmente el deseo sincero de muchos fieles de acercarse de nuevo al Señor. Algunos llevaban tiempo alejados de la vida de la Iglesia y otros no se acercaban al sacramento de la Penitencia desde hacía años. En la Catedral, las filas de los confesionarios eran constantes; y en las peregrinaciones a Roma, no pocos fieles compartían, con lágrimas de emoción, la alegría de haber experimentado el abrazo misericordioso del Dios que es Amor.
Por otra parte, el Jubileo ha fortalecido nuestra comunión eclesial, especialmente en torno a la figura del Santo Padre —con la singular circunstancia de haber participado en un jubileo marcado por el ministerio de dos papas— y también en la comunión diocesana con nuestro obispo y pastor. Este es, sin duda, uno de los frutos más valiosos de este tiempo de gracia.
Asimismo, es digno de mención el clima fraterno y gozoso que se ha respirado en todas las peregrinaciones y celebraciones. El encuentro personal con Cristo ha llenado de alegría el corazón de los fieles.
Después del Jubileo
– El Jubileo no es una meta, sino un medio privilegiado para renovar nuestra vida cristiana cotidiana. La experiencia del amor de Dios no es un logro del que presumir, sino la fuerza interior que nos impulsa a vivir con renovado gozo, a dar testimonio de la fe con nuestra vida y a caminar unidos a Cristo, sostenidos por la esperanza de saber que Él permanece siempre a nuestro lado.
Quiero expresar un sincero agradecimiento a todos los que, de una u otra forma, han colaborado, animado y participado en este Jubileo de la Esperanza. De manera especial, a D. Ernesto, por su constante apoyo y dedicación, y al Cabildo de la S. I. Catedral, por facilitar todos los medios necesarios para el desarrollo de las celebraciones jubilares en la seo placentina.
Finalmente, damos gracias a Dios por su infinita misericordia, por recordarnos una vez más que su voluntad es que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Que el Señor nos conceda la gracia de hacer fecundos, en nuestra Iglesia diocesana, los frutos de este Año Jubilar.