28 Nov Iglesia en Plasencia: ‘Don Miguel Ramos, martirizado a los 77 años’ (Historia)
A continuación les ofrecemos el artículo sobre el martirio de don Miguel Ángel Ramos, incluido en el último número de la revista diocesana Iglesia en Plasencia en la sección Historia, a cargo de don Juan Antonio Corrales Muñana, Licenciado en Geografía e Historia, sacerdote y profesor de Historia de la Iglesia.
Don Miguel Ramos, martirizado a los 77 años
La localidad de Manchita, situada en el extremo sur de la diócesis cuenta en este momento con unos 800 habitantes.
El 19 de julio comienzan las primeras detenciones de personas por sus ideas políticas. Al mismo tiempo que por directrices llegadas desde Don Benito, se producen incautaciones de productos agrícolas y ganados de las fincas próximas al pueblo.
En agosto el alcalde republicano apoyado por el de Valverde de Mérida y miembros del comité local se dirigen a la iglesia parroquial donde arrasan con todo lo que en ella había, imágenes, retablos y archivo parroquial. Una vez desprovista de todo fue destinada a cárcel y posteriormente a cuartel de milicianos, llegando a hacer hogueras en su interior que ennegrecieron las paredes y levantaron parte del piso.
D. Miguel Ramos Muñoz, párroco entonces de Manchita tuvo que contemplar como todo el esfuerzo de tantos años por embellecer el templo parroquial es destruido. El retablo mayor, varias de las imágenes, el enlosado del templo, las cómodas y otras muchas; todo lo que con su esfuerzo y los años había logrado conseguir, desaparece en un instante.
Nacido en Don Benito el 28 de septiembre de 1865, es ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1888, siendo Manchita su primer y único destino pastoral; contaba entonces D. Miguel con 77 años de edad y llevaba como párroco de Manchita 47 años.
Los miembros del comité se dirigen a su domicilio donde había permanecido hasta entonces el día 23 de agosto y lo llevan a la cárcel con el pretexto de que ahí estaría más seguro. Salió D. Miguel a recibirlos, con el rosario en las manos, diciendo: “¡Bendito sea el Señor! ¡Hágase su santísima voluntad!
La noche del 26 unos milicianos procedentes de la localidad vecina de Guareña se presentan en el pueblo pidiendo al comité local que les entreguen al sacerdote, el comité local accede a su petición y se dirigen en coche a la iglesia convertida en cárcel. D. Miguel es montado en él y llevado al cementerio es fusilado en medio de insultos, golpes y blasfemias.
Terminada la Guerra Civil, y en agradecimiento por su labor pastoral durante tanto tiempo en la localidad, el ayuntamiento decidió poner su nombre, que todavía hoy se mantiene, a una de las calles principales como signo de agradecimiento.