{"id":3592,"date":"2016-05-22T20:01:00","date_gmt":"2016-05-22T19:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diocesisplasencia.org\/w\/?p=3592"},"modified":"2016-05-22T20:01:00","modified_gmt":"2016-05-22T19:01:00","slug":"todo-buena-teologa-se-convierte-en-una-buena-antropologa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diocesisplasencia.org\/hemeroteca\/todo-buena-teologa-se-convierte-en-una-buena-antropologa\/","title":{"rendered":"Todo buena teolog\u00eda se convierte en una buena antropolog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><b><a href=\"http:\/\/www.diocesisplasencia.org\/w\/wp-content\/uploads\/2015\/24bed53275f7_121DB\/IMG_4354.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" title=\"IMG_4354\" style=\"border-left-width: 0px; border-right-width: 0px; background-image: none; border-bottom-width: 0px; padding-top: 0px; padding-left: 0px; display: inline; padding-right: 0px; border-top-width: 0px\" border=\"0\" alt=\"IMG_4354\" src=\"http:\/\/www.diocesisplasencia.org\/w\/wp-content\/uploads\/2015\/24bed53275f7_121DB\/IMG_4354_thumb.jpg\" width=\"446\" height=\"299\"><\/a><\/b>  <\/p>\n<p><font size=\"3\"><em>Homil\u00eda de despedida de la Di\u00f3cesis de Plasencia<\/em><\/font>  <\/p>\n<p><b>Dios es como un abrazo<\/b>  <\/p>\n<p>Empiezo esta homil\u00eda contando una bella historia. Sucede en Varsovia en los a\u00f1os 80. Un ni\u00f1o de ocho a\u00f1os, de nombre Pavel y muy inteligente, jugaba a hacer c\u00e1lculos complicados con el ordenador de su pap\u00e1. Con \u00e9l, en la misma habitaci\u00f3n, estaba su t\u00eda. En un momento dado, el ni\u00f1o interrumpe su juego, se gira hacia ella y le pregunta: <i>\u201c\u00bfC\u00f3mo es Dios?\u201d.<\/i> Su padre no le hab\u00eda hablado nunca de Dios; es un ingeniero ateo y su madre est\u00e1 muerta. Su t\u00eda lo mira en silencio, se le acerca, lo abraza, le besa los cabellos y, apret\u00e1ndole junto a su pecho, le susurra a sus o\u00eddos: <i>\u201c\u00bfC\u00f3mo te sientes ahora?\u201d<\/i> Pavel, que no quiere separarse de aquel abrazo, la mira y le responde: <i>\u201cBien, me siento muy bien\u201d<\/i>. Y la t\u00eda le dice: <i>\u201cMira, Pavel, Dios es as\u00ed\u201d<\/i>.  <\/p>\n<p>Esta escena, sacada de la pel\u00edcula del director polaco <b>Krzysztof Kie\u015blowski<\/b>, <b><i>Dec\u00e1logo I<\/i><\/b>, es una hermosa par\u00e1bola para decir algo de Dios: <b>Dios es como un abrazo<\/b>. Este es, queridos hermanos y hermanas el sentido de la Trinidad, al menos el sentido simb\u00f3lico. La Trinidad me asegura que Dios no es en s\u00ed mismo soledad, sino que es un infinito y continuo movimiento de amor. Dios es reciprocidad, intercambio, superaci\u00f3n de uno mismo, encuentro, abrazo. <\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><b>Hablar de Dios es siempre hablar del hombre<\/b>  <\/p>\n<p>Y lo que \u00c9l es, lo ha querido plasmar en nosotros: cada hombre es creado no s\u00f3lo a imagen de Dios, sino tambi\u00e9n a imagen y semejanza del Dios Uno y Trino. En realidad cada hombre es en s\u00ed mismo un movimiento de amor. Por eso se dice que toda buena teolog\u00eda se convierte en una buena antropolog\u00eda y que hablar de Dios es siempre hablar del hombre. Por eso, si la Trinidad es la primera victoria sobre la soledad, esta es tambi\u00e9n la orientaci\u00f3n que debe tomar la historia de los seres humanos: la de romper soledades, la de vivir junto a los otros, para los otros, la de ser donaci\u00f3n para los dem\u00e1s.  <\/p>\n<p>Como veis, el dogma de la Trinidad, que es la \u00fanica y verdadera impronta de la vida de la Iglesia y, por eso, de la de todos cuantos hoy somos la Iglesia del Se\u00f1or que camina en Plasencia, no es una elaboraci\u00f3n mental por la que se busca que cuadre el \u201ctres\u201d con el \u201cuno\u201d, es, sobre todo, una maravillosa fuente de sabidur\u00eda que nos hace caminar y sentir con una l\u00f3gica, con una verdad: que el amor rec\u00edproco es imprescindible, porque \u201cni siquiera Dios puede estar s\u00f3lo\u201d.  <\/p>\n<p>Considero que con lo que acabo de deciros os he hablado del sentido m\u00e1s profundo de lo que hoy celebra la Iglesia; pero tambi\u00e9n pienso que en la Trinidad, en su esencia, y en lo que el amor de Dios vierte sobre nosotros, es donde hemos de encontrarle sentido a este acontecimiento eclesial que vivimos hoy vosotros y yo. En realidad, si hoy sentimos lo que sentimos, yo hacia vosotros y vosotros hacia m\u00ed, es porque Dios nos ha hecho as\u00ed, porque ha querido orientar nuestra vida hacia la estima rec\u00edproca. <\/p>\n<p><b>Todos es gratitud <\/b> <\/p>\n<p>Por eso, al primero al que tenemos que darle gracias por todo lo que puede haber fluido entre nosotros a lo largo de estos a\u00f1os de mi ministerio episcopal en esta querida Di\u00f3cesis de Plasencia, es a Dios Nuestro Padre, fuente gozosa de la vida y del amor; a Jesucristo su Hijo que nos ha enamorado y ha atrapado nuestro coraz\u00f3n para que le amemos a \u00e9l y a los hermanos; y al Esp\u00edritu que rompe el aislamiento y pone relaci\u00f3n y afecto entre nosotros.  <\/p>\n<p>A \u00c9l, Trinidad Sant\u00edsima, le doy las gracias; \u00c9l es hoy el primer destinatario de mi gratitud, y en sus manos pongo estos maravillosos a\u00f1os de mi vida, en los que he sido vuestro obispo. Y tras esta gratitud, que os invito a mostrar conmigo a Nuestro Buen Dios, por su Hijo y en el Esp\u00edritu, yo quiero que esta sea tambi\u00e9n la Eucarist\u00eda de mi gratitud hacia vosotros. Razones para que as\u00ed sea las tengo todas. La primera y principal que hoy quiero manifestaros es que, habiendo sido vuestro obispo, me he sentido un privilegiado. Cuando supe, all\u00e1 por el a\u00f1o 2003, el 17 de junio, que iba a ser el Obispo de Plasencia, me ment\u00ed en verdad peque\u00f1o y d\u00e9bil, y bastante asustado, pero tambi\u00e9n muy agraciado.  <\/p>\n<p>Enseguida entend\u00ed que lo que el Se\u00f1or me ped\u00eda se convert\u00eda en un don maravilloso del que de inmediato qued\u00e9 prendado. Me cautiv\u00f3 la calidad humana y espiritual de todos vosotros, me sent\u00ed orgulloso de vuestra gloriosa historia, disfrut\u00e9 de la tierra bendita que pisaba para dar gloria a Dios y a los hombres. Os puedo decir que siempre he disfrutado de mi ministerio: cuando me he acercado a cada pueblo, a cada ciudad, a cada hogar en el que viv\u00edan aquellos a los que vine a servir. Todos hab\u00e9is estado en mi coraz\u00f3n y en mis sue\u00f1os pastorales, aunque con muchos quiz\u00e1s ni siquiera haya podido cruzar una mirada. Os puedo decir que los que estaban m\u00e1s lejos han sido mis predilectos, como lo han sido los pobres, a los que les pido perd\u00f3n si nunca les lleg\u00f3 de m\u00ed o de la Iglesia la ayuda que necesitaban.  <\/p>\n<p><b>Obispo con la impronta de la comuni\u00f3n y el servicio<\/b>  <\/p>\n<p>Mi ministerio, lo sab\u00e9is todos porque hab\u00e9is sido mis compa\u00f1eros de camino, tuvo desde el primer momento la impronta de la comuni\u00f3n, esa que tiene su origen en la relaci\u00f3n \u00edntima entre las Tres Divinas Personas de un S\u00f3lo Dios. Todo empez\u00f3 siendo sinodal, y en el esp\u00edritu de la sinodalidad se ha movido el ritmo de la vida de nuestra Iglesia diocesana. Siempre hemos pretendido caminar juntos, acompasando nuestros pasos, aunque a veces las condiciones, tanto de estilos como de actitudes y hasta geogr\u00e1ficas, nos lo pusieran bastante dif\u00edcil. Nuestro programa ha sido el de evangelizar unidos; sab\u00edamos que esa era la voluntad de Jes\u00fas: <i>\u201cQue todos sean uno, como t\u00fa y yo somos uno, para que el mundo crea\u201d. <\/i>S\u00f3lo en la unidad se camina por el mundo seg\u00fan el coraz\u00f3n de Dios, solo en la unidad se preparan los caminos del Se\u00f1or, como dice mi lema episcopal. Os puedo decir, queridos hermanos y hermanas, que no me he aislado nunca de vosotros, que siempre he sentido con vosotros, que tambi\u00e9n he llorado con vosotros, cuando el dolor era lo que nos un\u00eda.  <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n necesito deciros hoy que os he sentido muy cercanos a m\u00ed como vuestro obispo, como cristiano entre vosotros y como vecino con el que os cruzabais por la calle. He disfrutado del calor y la amistad de todos: de las autoridades, de los sacerdotes, de los consagrados y consagradas, de los cristianos m\u00e1s cercanos a la Iglesia, pero tambi\u00e9n he disfrutado de muchos que no andaban por los aleda\u00f1os de nuestros templos. He procurado siempre que el credo no fuese el term\u00f3metro de mis afectos y relaciones. A todos os doy las gracias de coraz\u00f3n.  <\/p>\n<p>Quiero tambi\u00e9n deciros que, con el Se\u00f1or, que vino a servir y por eso se sit\u00fao en la humildad de la condici\u00f3n humana, yo he querido estar siempre a vuestro servicio. Y para que eso fuera m\u00e1s fluido, siempre he pretendido crear un clima de sencillez y cercan\u00eda entre todos nosotros. Comprendo que a veces es dif\u00edcil ver al obispo como una persona accesible, a la altura de todos, pero lo he intentado, y pienso que muchos de vosotros as\u00ed me hab\u00e9is sentido. Permitidme que os diga, aunque esto os parezca una inmodestia por mi parte: desde que me inici\u00e9 en el ministerio sacerdotal en el a\u00f1o 70 en M\u00e9rida y luego episcopal entre vosotros siempre quise ser un pastor al que todos tuvieran acceso, cercano a todos, un pastor que ol\u00eda a oveja.  <\/p>\n<p><b>Gracias y perd\u00f3n<\/b>  <\/p>\n<p>Siendo esa mi verdad, no os niego que soy consciente de mis l\u00edmites, sobre todo de uno que es muy grande: el de mi condici\u00f3n humana que, por mucho que lo intentara, nunca me permiti\u00f3 llegar a donde quer\u00eda y deb\u00eda. Adem\u00e1s, la vida de un obispo es muy compleja, muy diversa en sus tareas y ocupaciones y preocupaciones. Por eso, aunque he procurado hacer en cada momento lo que ten\u00eda que hacer, siempre tuve la sensaci\u00f3n de que pod\u00eda haber llegado a otras personas, a otros ambientes, a otros lugares, a otras necesidades, a otros servicios.  <\/p>\n<p>Quiz\u00e1s sea por esa raz\u00f3n por la que mis sentimientos hoy, en lo que se refiere a vosotros, es doble: por una parte os digo que hab\u00e9is sido mi honor y mi gracia, que hab\u00e9is sido el m\u00e1s maravilloso tesoro de mi ministerio; pero tambi\u00e9n os digo que, no haber podido, querido o sabido estar a la altura de lo que me ped\u00edais, ha sido en ocasiones mi espina y mi cruz. De coraz\u00f3n quiero daros las gracias por todo vuestro afecto y vuestra comprensi\u00f3n; y tambi\u00e9n os pido perd\u00f3n por todas las veces que esperabais algo m\u00e1s de m\u00ed y no estuve a la altura de vuestras justas y certeras aspiraciones. Espero de vuestra mucha virtud que sep\u00e1is disculparme.  <\/p>\n<p>Como todo lo que me llevo de vosotros es muy bueno, quiero deciros que siento mucho tener que dejaros; pero tambi\u00e9n os digo que llevarme vuestro cari\u00f1o ser\u00e1 para mi una caudal maravilloso de fuerza, que me va a acompa\u00f1ar d\u00eda a d\u00eda en la aventura que el Santo Padre Francisco me invita a iniciar. Espero mucho sobre todo de vuestra oraci\u00f3n.  <\/p>\n<p><b>Manteneos firmes en la fe y en la esperanza<\/b>  <\/p>\n<p>Como \u00faltima recomendaci\u00f3n, os invito a mirar al Se\u00f1or, a poner en \u00e9l vuestra vida, a seguir manteni\u00e9ndoos firmes en la fe y en la esperanza. Y, sobre todo, os invito a arraigar en vuestra vida cristina compartida en vuestro comunidades, vuestros grupos, vuestros movimientos, toda la impronta de disc\u00edpulos misioneros que le hemos querido dar a la espiritualidad y a la evangelizaci\u00f3n en nuestra Iglesia diocesana. Misionero he querido que fuese mi ministerio. Los que han estado m\u00e1s cerca de m\u00ed saben que no he dejado nunca de confesar y anunciar expl\u00edcitamente a Jesucristo. La sencillez y la densidad del primer anuncio de la fe ha sido mi propuesta permanente entre vosotros. Siempre he sabido que todo lo dem\u00e1s en la vida de un cristiano pasa por el encuentro personal con Jes\u00fas, el Hijo de Dios. Y ese no se produce si no hay quien lo anuncie, como muy bien recuerda San Pablo (cf Rm 10,14).  <\/p>\n<p>Estoy convencido de que el pr\u00f3ximo obispo, al que hay que empezar a encomendar y a querer, aunque a\u00fan no tenga ni nombre ni rostro, podr\u00e1 comprobar que llega a una Iglesia en camino, en misi\u00f3n, en salida, a una Iglesia de cristianos adultos y corresponsables, a una Iglesia que est\u00e1 establecida en comunidades s\u00f3lidas por la comuni\u00f3n entre pastores y fieles y enriquecida por la escucha de la Palabra, por la vida sacramental y la Eucarist\u00eda, por la oraci\u00f3n, por la comuni\u00f3n fraterna, por el compromiso misionero de todos y por el servicio de la caridad siempre a flor de piel, conscientes de que no podemos ser cristianos sin servir a los pobres y excluidos.  <\/p>\n<p><b><i>\u201cMuchas cosas me quedan por deciros\u201d.<\/i><\/b><b><\/b>  <\/p>\n<p>Confiando en la solidez de vuestra fe, tambi\u00e9n yo os digo como el Se\u00f1or a sus disc\u00edpulos: confiad en el Esp\u00edritu, \u00e9l gu\u00eda la Iglesia, \u00e9l guiar\u00e1 la vida de esta Iglesia por los caminos de esta tierra en este tiempo y en esta sociedad tan compleja y a veces tan atolondrada en lo que se refiere a la fe, y que adem\u00e1s tiene tantos problemas humanos y sociales. No lo dud\u00e9is, el Esp\u00edritu guiar\u00e1 vuestros corazones para que am\u00e9is a esta bendita tierra como el campo de siembra en el que poner las semillas del Evangelio del Reino.  <\/p>\n<p>En fin, hermanos y hermanas, os digo lo que Jes\u00fas le dice hoy en el Evangelio a sus disc\u00edpulos: <i>\u201cMuchas cosas me quedan por deciros\u201d, <\/i>pero tengo que terminar. Y lo hago invocando para vosotros la intercesi\u00f3n de los Santos Patronos San Fulgencio y Santa Florentina, la de nuestra beata Madre Matilde del Sagrado Coraz\u00f3n, la del grupo de nuestros m\u00e1rtires beatos. Invoco de un modo especial la protecci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen de Guadalupe, Patrona de los hijos esta bendita tierra extreme\u00f1a; esos que leg\u00edtimamente desean que tenga su casa-santuario en la Provincia Eclesi\u00e1stica de M\u00e9rida-Badajoz, el espacio com\u00fan de la fe que el Papa San Juan Pablo II nos concedi\u00f3 para que fu\u00e9ramos la Iglesia del Se\u00f1or que camina en la Comunidad Aut\u00f3noma de Extremadura. Am\u00e9n.  <\/p>\n<p><i>Santa Iglesia Catedral de Plasencia, 22 de mayo de 2016<\/i>  <\/p>\n<p><b><i>+ Amadeo Rodr\u00edguez Magro<\/i><\/b>  <\/p>\n<p><b><i>Administrador Apost\u00f3lico de Plasencia<\/i><\/b>  <\/p>\n<p><b><i>Obispo electo de Ja\u00e9n<\/i><\/b>  <\/p>\n<p><strong><em>Galer\u00eda fotogr\u00e1fica en:<\/em><\/strong>  <\/p>\n<p><a title=\"https:\/\/www.facebook.com\/media\/set\/?set=a.817960188335292.1073741897.241822302615753&amp;type=1&amp;l=8c261ff6c5\" href=\"https:\/\/www.facebook.com\/media\/set\/?set=a.817960188335292.1073741897.241822302615753&amp;type=1&amp;l=8c261ff6c5\">https:\/\/www.facebook.com\/media\/set\/?set=a.817960188335292.1073741897.241822302615753&amp;type=1&amp;l=8c261ff6c5<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda de despedida de la Di\u00f3cesis de Plasencia Dios es como un abrazo Empiezo esta homil\u00eda contando una bella historia. Sucede en Varsovia en los a\u00f1os 80. 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